lunes, 21 de mayo de 2018

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 2018

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 2018 (Comentario oral)

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. B 27 de mayo de 2018


TRINIDAD Y COMUNIÓN
 “Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo, en la tierra, no hay otro” Estas palabras que hoy se proclaman en la primera lectura (Dt 4,39) tienen validez para todo tiempo y lugar.
Esa es la cuestión fundamental: preguntarnos quién es nuestro Dios y a quién dedicamos nuestra atención y nuestra adoración. A veces alguien dice que ha pedido a Dios tal o cual favor, pero, como no lo ha conseguido, ha dejado de creer en Dios.
En efecto, son muchos los que se dirigen a Dios pidiendo: “Te ruego que me des tal cosa.”. Pero son pocos los que se dirigen a Dios diciendo: “Te adoro y te amo porque eres Dios y me amas”.
Sin embargo, san Pablo nos recuerda: “Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios esos son hijos de Dios” (Rom 8,14). En ese contexto resume él nuestra fe en la Trinidad. El Espíritu atestigua que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo.

TRES PALABRAS

El texto del evangelio que se proclama en esta fiesta (Mt 28,16-20) nos lleva de nuevo hasta el monte en que Jesús ha dado cita a sus discípulos. Es la hora de la despedida, que se concreta en tres palabras que orientan y sostienen nuestra misión: una revelación, un encargo y una promesa.
• En primer lugar, Jesús se presenta ante los suyos como quien  ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Evidentemente Jesús desmiente las palabras del diablo, que pretendía haber recibido el poder y la gloria de los reinos de este mundo (Lc 4,6). 
• Además, Jesús considera ya preparados a sus discípulos y los envía en su nombre con una misión de alcance universal.
• Finalmente, Jesús les promete su asistencia constante. El que había sido anunciado como el Emmanuel, o “Dios con nosotros” (Mt 1,23) está dispuesto a mantener aquella identidad al decir: ”Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”.

LA CONTRASEÑA

En la misión encomendado a los discípulos, Jesús les pide que bauticen a las gentes “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Esa referencia a la Trinidad es la contraseña esclusiva de la vida cristiana.
• San Agustín escribió: “Ves la Trinidad si ves el amor”. Efectivamente, el amor de las tres personas divinas es su auténtica revelación. Y es la invitación para todos los creyentes.
• San Juan de Ávila predicaba que produce admiración y espanto “ver el cuidado que toda la Santísima Trinidad tiene y el amor tan grande con que anda tras el hombre”.
• El papa Francisco nos ha dicho que “la Trinidad es comunión de personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios vivo… No estamos llamados a vivir los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros”.
- Señor y Dios nuestro, fuente del amor y de la vida en comunidad, que la misión que nos ha sido encomendada haga presente en el mundo ese amor del que venimos y al que aspiramos a lo largo de toda nuestra existencia. Amén.
                                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 27 DE MAYO DE 2018

                                                         
TAN SOLO MIRAR A DIOS
El día en que celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad se nos ofrece también la oportunidad de recordar a las personas que han dedicado su vida a la oración. Es la Jornada “Pro Orantibus”, es decir, por las personas que oran.
Entre las personas que pasan todos los días a nuestro lado hay muchas que dedican un tiempo y un espacio a la oración. Hay personas que viven sinceramente su fe y que han comprendido que no pueden vivir sin acercarse a las fuentes a las que acuden los ciervos sedientos, como se canta en el salmo.
Además hay otras muchas personas que no se cruzan todos los días con nosotros, porque llevan una vida escondida. Están “consagradas” a Dios.    “Solo en amar es su ejercicio”, como cantaba San Juan de la Cruz. Fijan sus ojos en Dios, sabiendo que para él “mirar es amar”, como decía también el mismo santo.
En su exhortación apostólica “Buscar el rostro de Dios”, el papa Francisco nos dice que “la vida consagrada es una historia de amor apasionado por el Señor y por la humanidad: en la vida contemplativa esta historia se despliega, día tras día, a través de la apasionada búsqueda del rostro de Dios, en la relación íntima con él”. 
En este Año Jubilar Teresiano, los obispos españoles nos han ofrecido para esta Jornada un lema que resulta sugerente en este tiempo: “Sólo quiero que le miréis a él”. Es un consejo inspirado en lo que Santa Teresa de Jesús aconseja a sus monjas en su Camino de perfección:
No os pido ahora que penséis en él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues, ¿quién os quita volver los ojos del alma ‒aunque sea de presto, si no podéis más‒, a este Señor? Pues podéis mirar cosas tan feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar?”
La Santa de Ávila no busca razones de utilidad inmediata. Tan solo invita a sus hijas a que vuelvan sus ojos a Aquel que nunca aparta de ellas los suyos. Se trata de responder al amor con el amor. Eso precisamente es lo que hacen las personas que han sido llamadas a consagrarse a la oración y han aceptado generosamente la llamada.
Eso les agradecemos en esta jornada y siempre todos nosotros, los que nos apresuramos por las calles y autopistas de este mundo, sin saber muy bien lo que andamos buscando a tientas.
Les pedimos una oración comprensiva todos los que siempre tenemos miradas codiciosas para cualquier cosa, pero nunca tenemos una mirada compasiva para nuestros hermanos que sufren.
Y esperamos una oración de intercesión todos los que necesitamos volver con más frecuencia nuestros ojos humanos al Señor, que nos mira con ojos divinos, llenos de ternura y de perdón. Tan solo necesitamos mirar a Dios. Lo demás vendrá por añadidura.
                                                                   José-Román Flecha Andrés

miércoles, 16 de mayo de 2018

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS B 2018

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS 2018 -Comentario sonoro)

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS. B 20 de mayo de 2018

LA LLAMA Y SU LENGUAJE
 “Cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua”. Así concluye la primera lectura que se proclama en la celebración de la misa, en esta solemnidad de Pentecostés (Hech 2,11). Ese era el rumor que corría entre los peregrinos que habían acudido a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés.
El texto de los Hechos de los Apóstoles habla de un estruendo como de viento impetuoso y de una especie de llamaradas bajadas del cielo, que se posaban sobre cada uno de los apóstoles. El viento y el fuego son dos fuerzas cósmicas imparables.  Aquí reflejan la fuerza del Espíritu que renueva a los seguidores de Jesús.
Como ha dicho el papa Francisco, “era la llama de amor que quema toda aspereza; era la lengua del Evangelio que traspasa los límites puestos por los hombres y toca los corazones de la muchedumbre, sin distinción de lengua, raza o nacionalidad” (24.5.2015). 
En el salmo responsorial suplicamos a Dios que envíe su Espíritu para repoblar la faz de la tierra (Sal 103). Y escuchando a san Pablo, pedimos que los diversos ministerios inspirados por el Espíritu contribuyan de verdad al bien común de la Iglesia y del mundo (1Cor 12,3-7).    

LOS TRES ENCARGOS

El texto del evangelio que hoy se proclama (Jn  20,19-23) nos lleva hasta la casa en la que los discípulos de Jesús se habían refugiado después de la muerte de su Maestro. Se nos recuerda que habían procurado cerrar las puertas por miedo a los judíos. Pero el Señor llegó de pronto con tres encargos inolvidables
 • En primer lugar, Jesús les mostró las manos y el costado. No se trataba de una ilusión. No era un fantasma. Las llagas que recordaban su pasión eran la prueba de la autenticidad de su misión y su mensaje. Él había entregado su vida y se presentaba como triunfador de la muerte.
• Además, Jesús enviaba a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él. Siendo de condición divina, había caminado como un hombre. Y siendo de condición humana, compartía con sus discípulos una misión divina. 
• Finalmente, Jesús entregó el Espíritu Santo a los suyos, otorgándoles la autoridad para perdonar o retener los pecados. No se trataba sólo de un poder. Les comunicaba el don y la responsabilidad del discernimiento sobre el bien y sobre el mal.

LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

El texto evangélico anota cuidadosamente que “los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”.  No deberíamos olvidar esa anotación.
• Los discípulos de Jesús no se presentaron ante el mundo con el rostro macilento y resignado de los fracasados. A pesar de sus dudas y temores, habían recibido del Señor Resucitado las verdaderas razones para la alegría. 
• La Iglesia de hoy no puede ignorar los sufrimientos que atenazan a tantas personas a lo largo y ancho del mundo. No puede caer en la indiferencia o en la ingenuidad. Tampoco en el fatalismo. No siempre podrá ofrecer satisfacciones, pero puede anunciar la alegría. 
• Con nuestra vida y con nuestra presencia en el mundo, los cristianos queremos dar testimonio de que  “con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Papa Francisco). 
- Señor Jesús, con tu resurrección tu has convertido nuestro temor en alegría. Que la llama del  Espíritu haga comprensible el lenguaje de amor que nos has confiado. Amén.  
José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN. 19 de mayo de 2018

                                      
ANTE LAS FALSAS NOTICIAS

Hoy somos bombardeados a todas horas por falsas noticias. Las llaman  “fake news”. Unas veces nos mienten inventando una realidad que no existe. Otras veces nos entregan medias verdades. Y tal vez comentan de tal forma la verdad que nos confunden.
Pues bien, ese ha sido el punto de partida del mensaje que el papa Francisco ha publicado con motivo de la 52 Jornada Mundial
 de las Comunicaciones Sociales, creada por Pablo VI, que se celebra el día de la Ascensión del Señor a los cielos.
El Papa señala que las noticias falsas son a veces verosímiles. Captan  nuestra  atención porque se basan en prejuicios y suscitan emociones fáciles. Además, se difunden con rapidez por medio de las redes sociales.   
Muchos de nosotros contribuimos a extender un rumor, que en muy poco tiempo circula como una verdad irrefutable. Pero el juego no es inocente. “El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos…  A esto conduce, en último análisis, la falsedad”.
 El Papa añade que la desinformación fue ya la estrategia de la “serpiente astuta”. En el relato bíblico, el tentador se acerca a la mujer, fingiendo interesarse por su bien, y comienza con una afirmación verdadera, pero sólo en parte: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). Dios no había prohibido a Adán comer de todos los árboles, sino solo del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Tras analizar el texto bíblico, el Papa concluye que “ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos”.
En realidad, el éxito de la desinformación tiene su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que nos hace víctimas de un engaño tremendo: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón.
De ahí se deduce una importante evidencia: “Educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien cayendo en cada tentación”.
Jesús nos dijo que la verdad nos hará libres. Así que la verdad tiene que ver con la vida entera. Librarnos de la falsedad y tratar de tejer buenas relaciones con los demás hará que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza.
  “Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa”. Es necesario preguntarse si la información que recibimos y pasamos a los demás puede contribuir a la paz.
                                                                    José-Román Flecha Andrés

lunes, 7 de mayo de 2018

ASCENSIÓN DEL SEÑOR B 2018

REFLEXIÓN- ASCENSIÓN DEL SEÑOR. B 13 de mayo de 2018

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA
 “El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo” Así concluye la primera lectura que se proclama en la celebración de la misa, en esta solemnidad de la Ascensión del Señor (Hech 1,11).
Esas palabras, dirigidas a los discípulos de Jesús por dos hombres vestidos de blanco, nos invitan también a nosotros a no permanecer extasiados. La celebración de la Ascensión de Jesús a los cielos no es un motivo para la evasión de esta tierra. Es hora de regresar a la vida de cada día. Es la hora de convertir el recuerdo en esperanza y la esperanza en compromiso. 
En el salmo responsorial cantamos a Dios que “asciende entre aclamaciones”. Con alegría participamos de su gloria. En la carta a los Efesios se nos recuerda que el Padre de la gloria resucitó a Cristo de entre los muertos y lo ha sentado a su derecha. Que él ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos la esperanza a la que nos llama (Ef 1, 17-23).

ENCARGO DE LA MISIÓN

El texto del evangelio según Marcos que hoy se proclama (Mc 16,15-20) nos invita a reflexionar sobre la misión que el Señor confía a sus discípulos: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”
• En primer lugar, habrá que recordar esa invitación a ponerse en camino. La vida del ser humano es siempre una itinerancia. Un paso tras otro, el hombre va haciendo de su existencia un proceso de búsquedas y hallazgos, de encuentros y desencuentros. Pero el cristiano sabe que si caminar es un riesgo, permanecer instalados en la comodidad es un pecado.
• Además, Jesús no envía a sus discípulos a disfrutar de los hermosos paisajes de la tierra. Tampoco quiere que sean meros agentes de una organización social. Y menos aún los envía como comerciantes decididos a hacer negocio. Les encarga que anuncien el evangelio. La buena noticia de que Dios es nuestro Padre, nos ama y nos salva por Jesucristo.
• Y, por si no estaba claro, Jesús recomienda a los suyos que no hagan distinción de personas, en atención a su clase social, a su lugar de procedencia o al tipo de su cultura. Han de anunciar el evangelio de su Señor a toda la humanidad.

DESARROLLO DE LA MISIÓN

El texto evangélico recuerda escuetamente que “después de hablarles, el Señor Jesús ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Una forma muy plástica para proclamar la gloria divina del Maestro. Sin embargo, no olvida a los creyentes que siguen en la tierra
• Efectivamente, los discípulos de Jesús fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes. Ese es un hecho histórico que suscita nuestra admiración. Pero es también una tarea urgente que ha de mantener viva nuestra vocación.
• Claro que, a pesar de cansancios, fatigas y persecuciones, los discípulos de antes y de ahora sabemos que no estamos solos. El Señor camina a nuestro lado, está presente en nuestros esfuerzos y actúa con nosotros.
• Finalmente, creemos que el Señor confirma nuestra palabra, más o menos brillante, con signos admirables que nosotros no siempre llegamos a percibir.
- Señor Jesús, en nuestra profesión de fe confesamos que has subido a los cielos. Pero en nuestra experiencia diaria constatamos que permaneces junto a nosotros, apoyando la misión que tu mismo nos has confiado. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.  
                                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 12 de mayo de 2018


       SOBRE LA MUERTE DE ALFIE EVANS
En la noche del 14 al 15 de abril de 1975, Karen Ann Quinlan caía en un estado de coma tras absorber una mezcla de valium  y de alcohol. Un aparato muy perfeccionado la mantenía en vida.
Después de muchas consultas, sus padres adoptivos, católicos,  pidieron que se retirase el aparato, a lo cual se opuso el hospital Santa Clara. El 10 de noviembre el juez de la villa de Morristown (New Jersey) retiraba a los padres la tutela de Karen  y se la confiaba a un abogado.
El 31 de marzo de 1976, el Tribunal Supremo del Estado de New Jersey concedía de nuevo a los padres la tutoría sobre Karen. Requería su consentimiento y el de un comité de ética del hospital. Y decidía que si no había posibilidad de que Karen saliera de su estado de coma, podría desconectarse el aparato que la mantenía en vida.  
El día 15 de abril del mismo año 1976, el obispo católico de Patterson (New Jersey) aprobaba la decisión tomada por el Tribunal Supremo del Estado, por considerar un medio extraordinario el aparato  que mantenía a Karen en vida.
En realidad, la nota del obispo aplicaba al caso la doctrina expresada por el papa Pío XII el día 24 de noviembre de 1957 sobre la reanimación y el uso de los aparatos modernos de respiración artificial.
Aquellas cuestiones tan debatidas hace ya más de cuarenta años han vuelto a resurgir con motivo del caso del niño Alfie Evans. También aquí era necesario pensar la obligación de utilizar un medio que ha llegado a ser ordinario. 
Es cierto que, entre tanto,  la doctrina de la Iglesia prefiere utilizar la categoría de los medios proporcionados y desproporcionados. Un medio relativamente ordinario puede resultar desproporcionado dada la situación del paciente y las esperanzas que pueden depositarse en ese medio. 
En el caso de Alfie cabe preguntarse si es lícito que un sistema jurídico y sanitario se obstine en afirmar que los medios utilizados son absolutamente desproporcionados, cuando otro hospital ofrece otras alternativas para seguir tratando con esperanza la enfermedad de ese paciente.
Además, es difícil olvidar la opinión del admirado y querido colega Javier Gafo que, ante situaciones semejantes, se negaba a colocar la alimentación y la hidratación del paciente entre los medios extraordinarios y desproporcionados.
Y una última observación. En el caso de Karen Quinlan, el Tribunal Supremo de New Jersey exigía contar con la decisión de los padres y tutores de la paciente. Pero en el caso de Alfie parece que las autoridades administrativas y judiciales han decidido ignorar la voz y los sentimientos de la familia del niño.
Y es muy preocupante que un Estado decida olvidar el clásico principio de subsidiariedad, ignorando escandalosamente la responsabilidad de los padres con relación a sus hijos.
José-Román Flecha Andrés

lunes, 30 de abril de 2018

DOMINGO 6º DE PASCUA B 2018

REFLEXIÓN- DOMINGO 6º DE PASCUA B. 6 de mayo de 2018

EL AMOR MANDADO
 “Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Nos conmueve leer la nota con la que Simón Pedro confiesa ingenuamente esa convicción que surge en él al entrar en la casa del centurión Cornelio (Hech 10,34-35).
Un judío entra en la casa de un pagano. Y Dios no desencadena una tempestad de rayos y truenos, sino que envía el Espíritu Santo sobre los que escuchan la palabra del apóstol. Los fieles de la circuncisión se sorprenden al comprobar que se repite el fenómeno de Pentecostés también sobre los paganos. 
Con razón, el salmo responsorial nos invita a proclamar que “el Señor revela a las naciones su justicia” (Sal 97). Evidentemente Dios es amor. “El que ama ha nacido de Dios”. Y el milagro no es que nosotros amemos a Dios, sino que él se ha adelantado y nos ha amado cuando no lo merecíamos (Jn 4,7-10).

PERMANECER EN EL AMOR

El tema del amor retorna en el evangelio que se proclama este domingo sexto de Pascua (Jn 15,9-17).  En él continúa la alegoría de la vid y los sarmientos, que se leía el domingo pasado   (Jn 15,1-8).  En ambos textos se nos remite al Padre celestial. Él es la fuente de la vida que llega hasta los sarmientos de la vid. Y él es el origen del amor.
  “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”.  Con frecuencia pensamos en el amor como un sentimiento que nos acerca a los demás o nos hace gozar de la simpatía de los otros. Pero antes de ser una relación entre nosotros, es una revelación del amor que viene de Dios. Jesús es el eslabón que nos muestra el amor del Padre y nos demuestra su propio amor. 
• “Permaneced en mi amor”. Es importante “permanecer”. Esa palabra recuerda la necesaria unión de los sarmientos con la vid para poder dar fruto (Jn 15,4-7). Se afirma de la relación de Jesús con su Padre (Jn 15,10). Refleja la exhortación de Jesús a sus discípulos (Jn 15,9-10). Y se menciona como la señal que caracteriza al discípulo amado (Jn 21,22-23).

EL MANDATO DEL AMOR

Hay que reconocer que a todos nos encanta ser protagonistas y tener la iniciativa para promover una iniciativa de solidaridad. Como si nuestra autonomía generase el amor, la caridad y la justicia.  Pero el amor no nace de nuestra iniciativa personal o grupal.
• “Esto os mando: que os améis unos a otros”.  Así dijo Jesús a sus discípulos primeros. Los que tenían que aprender a seguir fielmente a su Maestro, debían aprender la obediencia de la fe y también la obediencia del amor.
• “Esto os mando: que os améis unos a otros”.  Esa palabra vale para la comunidad cristiana de todos los tiempos. Como han escrito los hermanos de Bose, no es la Iglesia la que hace la caridad, sino que es la caridad de Dios la que funda y edifica la Iglesia.
• “Esto os mando: que os améis unos a otros”.  El amor mutuo es un mandato. El amor  no es un sentimiento ni una estrategia. No podemos limitarnos a amar a los que nos son simpáticos. Jesús nos ha mandado pasar el amor de Dios a todos los que Dios ama.
- Señor Jesús, tú nos has dicho que no hay mayor amor que entregar la vida por los demás. Tú nos has dado ejemplo con tu vida y con tu muerte. No permitas que olvidemos tu mandamiento. Amén.  
                                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 5 de mayo de 2018

                                                 
ENTRE LA SOLEDAD Y EL SERVICIO

En la exhortación apostólica “Gaudete et exultate”, firmada por el papa Francisco el día 19 de marzo, solemnidad de San José, hay muchos puntos interesantes. Como esa aparente confrontación entre la acción y la contemplación.
Estamos llamados a construir el  reino de Dios: un reino de amor, de justicia y de paz para todos. Esa tarea requiere un esfuerzo personal. De hecho, afirma el Papa: “No te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño” (GE 25).
De acuerdo. Pero a continuación, el documento papal incluye unas palabras que pueden ser provocadoras: “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio” (GE 26).
En otros tiempos se nos decía que el activismo con el que pensamos salvar el mundo será vano y estéril si no va acompañado por la oración. Y se recordaba el ejemplo del santo Cura de Ars. ¿Es que el Papa olvida el valor de la oración y desprecia el carisma de la contemplación?
No se trata de separar, sino de integrarlo todo en nuestra misión. “¿Acaso el Espíritu Santo puede lanzarnos a cumplir una misión y al mismo tiempo pedirnos que escapemos de ella, o que evitemos entregarnos totalmente para preservar la paz interior?” (GE 27).  
A veces olvidamos entregarnos a los demás y vivir la fe como un compromiso. Buscamos la paz interior y vemos la acción como una distracción. Y otras veces  nuestra acción pastoral está “movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar”. Las dos tentaciones nos alejan de la santidad.
Por si no quedaba claro, el Papa nos exhorta a no despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Por eso nos  llama la atención sobre los recursos tecnológicos, los viajes, las ofertas para el consumo, que a veces no dejan espacios donde resuene la voz de Dios.
Cuando los ruidos nos aturden, no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. “Necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios” (GE 29).  
En este tiempo, todos deseamos tener un tiempo libre, pero lo dedicamos  a “utilizar sin límites esos dispositivos que nos brindan entretenimiento o placeres efímeros”. Con ello se resiente la misión, se debilita el compromiso y se recorta el servicio a los demás (GE 30). 
La conclusión es clara: “Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación” (GE 31).
                                                                     José-Román Flecha Andrés.  

martes, 24 de abril de 2018

DOMINGO 5º DE PASCUA B 2018

DOMINGO 5º TIEMPO PASCUAL CICLO B (Comentario oral)

REFLEXIÓN- DOMINGO 5º DE PASCUA. B -29 de abril de 2018


LA VID  VERDADERA
 “Llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, porque todos le tenían miedo, pues no se fiaban de que fuera discípulo” (Hech 9,26). Nos sorprende esta anotación del libro de los Hechos de los Apóstoles. Ya imaginábamos que, tras encontrar a Cristo, Saulo sería visto como un traidor por los sacerdotes, los fariseos y los jefes del pueblo. 
Pero también había de tener dificultades para ser reconocido como un hermano por los discípulos de Jesús. No sería fácil para ellos perdonar al que había perseguido a los que seguían el camino de Jesús. Evidentemente, Saulo había de pasar por una profunda purificación. Solo el testimonio de Bernabé ante los apóstoles, llevaría a la comunidad a acogerlo.
Hay una frase que se repite en el texto. En Damasco Saulo actúa valientemente en el nombre de Jesús. Y, una vez reconocido por la comunidad,  en Jerusalén predica públicamente el nombre del Señor. No olvidemos que en el nombre de Jesús, Simón Pedro y Juan habían curado al paralítico que pedía limosna a la puerta del Templo.

DOS RELACIONES

En este quinto domingo de Pascua la lectura evangélica nos recuerda la hermosa alegoría de la vid y los sarmientos, que se pone en boca de Jesús en el  discurso que sigue a la última cena con sus discípulos (Jn 15,1-8).  Como se puede observar, en esta alegoría Jesús revela dos relaciones que resumen su identidad y su misión.
  “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador”. Israel era la vid plantada con amor y cuidada con esmero. Sin embargo,  no había producido los frutos esperados (Is 5,1-7). Pero Jesús es la vid verdadera. Él mismo se revela como hijo del Padre. El Padre lo ha plantado y cuidado. Y él ha dado los buenos frutos que el Padre esperaba. 
• “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”. Por otra parte, Jesús está unido a sus discípulos. Ellos son los sarmientos de esa vid. Curiosamente, ellos son necesarios para que Jesús pueda entregar su fruto a la humanidad. Pero el fruto no nace de ellos, sino de la vid a la que están unidos.

EL FRUTO

Tanto al referirse a la relación con su Padre como al mencionar la relación con sus discípulos, Jesús repite hasta siete veces el verbo “permanecer”. Nadie puede dar fruto si no permanece en Jesús y no permite a Jesús que permanezca en él. 
• “Sin mí no podéis hacer nada”.  Esa afirmación de Jesús era una advertencia, tan oportuna como necesaria, para sus discípulos. Demasiadas  veces se sintieron tentados por el ansia del poder o de la eficacia.
• “Sin mí no podéis hacer nada”.  Esa afirmación de Jesús es un aviso para todas las instituciones de la Iglesia. Todos los planes pastorales serán ineficaces, si falta la unión con el Señor y la escucha de su palabra.        
• “Sin mí no podéis hacer nada”.  Esa afirmación de Jesús nos recuerda cada día a todos los cristianos la necesidad de mantenernos vigilantes y disponibles para el encuentro con el Señor de la vida.              
- Señor Jesús, sabemos que tú eres la vid y nosotros los sarmientos. Tú has querido que seamos necesarios para que se vean tus frutos en el mundo. Pero que ese privilegio no nos haga olvidar que sin ti no daremos los frutos que la humidad espera. Amén   
                                                                                    José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 28 de abril de 2018

PABLO VI Y EL TRABAJO
Han pasado cincuenta años. El día primero de mayo de 1968, fiesta de San José Obrero, Pablo VI dedicaba su catequesis de los miércoles  a reflexionar sobre el trabajo.  Comenzaba afirmando que el pensamiento cristiano considera al trabajo como expresión de las facultades humanas, que imprimen a la obra material el signo de la persona humana.
El trabajo refleja las facultades físicas, morales y espirituales de la persona. Señala la estatura de su desarrollo. Y obedece al proyecto original del Dios creador,  que quiso que el hombre fuera explorador, conquistador, dominador de la tierra, de sus tesoros, de su energía y de sus secretos.  
Por tanto, en sí mismo el trabajo no es un castigo, un fracaso, un yugo de esclavos. Es la expresión de la natural necesidad del hombre de ejercitar sus fuerzas y de medirlas con las dificultades de las cosas, para ponerlas a su servicio. Por tanto, el trabajo es noble y es sagrado, como todas las actividades humanas honestas.
Pero hay dos interrogantes que no se deben ignorar. En primer lugar, ¿qué decir del trabajo, cuando es pesado, oprimente, incapaz de dar el pan y la suficiencia económica para la vida? ¿Cuando sirve para aumentar la riqueza ajena por medio del esfuerzo y de la miseria propia? ¿Cuando es el indicador de las desigualdades económicas y sociales?
Es preciso reivindicar para el trabajo las mejores condiciones;  asegurar una justicia que cambie su aspecto dolorido y humillado y le devuelva un rostro verdaderamente humano, fuerte, libre y feliz por la conquista de los bienes económicos y de los bienes de la cultura, de la legítima alegría de vivir y de la esperanza cristiana.
La otra cuestión es la relativa a la nueva forma que ha asumido el trabajo moderno, la forma industrial: la de las máquinas, la de la producción masiva, la que ha transformado nuestra sociedad, marcando la distinción y la oposición de las clases sociales.
La Iglesia admira y anima esta expresión  del trabajo moderno. Porque puede multiplicar los  bienes económicos,  de modo que todos  puedan disfrutarlos, y porque el trabajo se ha hecho  menos pesado sobre las espaldas del hombre. 
Además, porque el trabajo moderno produce nuevas relaciones sociales, una  nueva solidaridad, una nueva amistad entre quienes lo cultivan, especialmente entre los trabajadores. Y esto es un bien, si la solidaridad del amor los une y confiere a la sociedad un tejido de relaciones humanas, más compactas y más conscientes.  
Para concluir, afirmaba Pablo VI que la religión tiene una palabra sobre la fatiga y la pena del trabajo (cf. Gén. 3,19). Pero recuerda también su valor redentor (cf. Mt. 5,6). Además, nos ofrece el ejemplo de san José, maestro de obra de Cristo, de cuyas manos divinas surgió la obra de la creación y de la redención.
                                                                                       José-Román Flecha Andrés