martes, 10 de enero de 2017

DOMINGO 2º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO. A 15 de enero de 2017

UNA MISIÓN UNIVERSAL
“Te hago luz de la naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Estas palabras se encuentran en el segundo de los cantos del Siervo del Señor (Is 49,6). El elegido es también el enviado.
Pero no es enviado por Dios solamente para reunir a su pueblo, sino para iluminar a todas las naciones. La suya es una misión con dimensiones de universalidad.
A esa misión se muestra dispuesto y obediente el elegido, según lo canta el salmo 39: “Aquí estoy, para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”.
También San Pablo se presenta como un llamado por Dios a ser apóstol. Y también él es consciente de que su misión se extiende a todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo (1Cor 1,1-3).
 
LA IGNORANCIA DEL MUNDO

De nuevo se nos presenta en el evangelio de este domingo la figura de Juan el Bautista. Al ver a Jesús que viene hacia él, exclama: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Esas palabras han sido incorporadas en la liturgia romana para invitarnos a participar en la comunión eucarística.
• No se puede olvidar que este mundo nuestro vive con frecuencia ignorando a Dios y despreciando su voluntad. Ahora bien, afirmar la presencia del pecado en el mundo no puede convertirnos en profetas de calamidades o de condenación. Creemos y sabemos que el pecado ha sido vencido  por Jesús.
• Juan Bautista nos presenta a Jesús como el Cordero del mundo. El Pastor-Cordero nos conoce y nos guía, nos alimenta y nos defiende. Y finalmente se entrega por nosotros. Como el cordero de la pascua judía, Jesucristo se entrega en expiación por el pecado del mundo. Y por nuestro pecado. Sería de necios ignorar también esa entrega.  

LA IGNORANCIA DE JUAN

Pues bien, es interesante ver como en la confesión de Juan el Bautista se contraponen la ignorancia del profeta y la revelación que lo ilumina:
• “Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar…” Juan comprende que el bautismo que él administra es tan solo su humilde contribución para que Jesús se manifieste a Israel.
• “He contemplado al Espíritu… que se posó sobre él”. La ignorancia del profeta encuentra ayuda en la contemplación del Espíritu que guía a Jesús.  
• “Yo no lo conocía, pero el que me envió me dijo…” Juan no conoce a Jesús pero se sabe elegido y enviado por Dios para presentar a Jesús ante el pueblo.
• “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.  La ignorancia ha dejado paso a la contemplación y esta exige el testimonio. Ese es también nuestro camino.
- Padre de los cielos, tú nos has elegido y enviado a anunciar la presencia de Jesucristo en un mundo que pretende ignorarla. Ayúdanos a cumplir esa misión con humildad, pero con generosidad Amén.
                                                                       José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 14 de enero de 2017

                                                           
LOS NIÑOS EMIGRANTES
El día 15 de enero de 2017 se celebra la Jornada Mundial del migrante y del refugiado. Algunos de los que abandonan su tierra lo han hecho buscando un trabajo más digno. Y otros han tenido que salir de su casa y de su entorno para salvar su vida de las amenazas que les apuntaban como dardos envenenados.
En el mensaje del papa Francisco para la jornada de este año se fija en los «emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz». Y señala que “son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales”. 
Ante nosotros pasan “tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados”. ¿Qué se puede hacer ante este dramático panorama”.
En primer lugar, hemos de ser conscientes de que el fenómeno de la emigración no está separado de la historia de la salvación, es más. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 22,20); «Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto» (Dt 10,19).  
Hay que centrarse en la protección, la integración y en soluciones estables. “Se trata de adoptar todas las medidas necesarias para que se asegure a los niños emigrantes protección y defensa, ya que «estos chicos y chicas terminan con frecuencia en la calle, abandonados a sí mismos y víctimas de explotadores sin escrúpulos que, más de una vez, los transforman en objeto de violencia física, moral y sexual».  
Además, es necesaria “una cooperación cada vez más eficaz y eficiente, basada no sólo en el intercambio de información, sino también en la intensificación de unas redes capaces que puedan asegurar intervenciones tempestivas y capilares”.  
Hay que “trabajar por la integración de los niños y los jóvenes emigrantes. Ellos dependen totalmente de la comunidad de adultos y, muy a menudo, la falta de recursos económicos es un obstáculo para la adopción de políticas adecuadas de acogida, asistencia e inclusión”.  
 Finalmente, por ser este un fenómeno complejo, “la cuestión de los emigrantes menores de edad se debe afrontar desde la raíz… Por tanto, es absolutamente necesario que se afronten en los países de origen las causas que provocan la emigración”.  
El Papa pide a todos los que caminan al lado de los niños y jóvenes por los caminos de la emigración que no se cansen de “dar con audacia un buen testimonio del Evangelio, que los llama a reconocer y a acoger al Señor Jesús, presente en los más pequeños y vulnerables”.
                                                     José-Román Flecha Andrés

Proverbios 3,21 (11) Catedral Metropolitana Ciudad de México

Proverbios 3,13 (10) Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada...

                  

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3, 12 (9) PRO...

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3,7 (8)

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3, 5

                  

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3, 3-4

martes, 3 de enero de 2017

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR A

REFLEXIÓN - FIESTA DEL BAUTISMO DE JESÚS 8 de enero de 2017

EL HIJO AMADO

“Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Así comienza el primero de los cuatro cánticos del Siervo del Señor (Is 42, 1). No sabemos si se refiere a un personaje concreto o bien a toda la comunidad de los fieles de Israel.
De todas formas, el poema refleja la elección de alguien que recibe el Espíritu de Dios y es enviado para una misión estupenda: la de proclamar la alianza de Dios y la luz que él derrama sobre todos los pueblos. Una misión liberadora para todos los cautivos de las mil cadenas que pueden amarrar a los humanos.
El texto de los Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama recoge unas palabras que Pedro pronuncia en la casa del centurión Cornelio. Jesús, ungido en su bautismo con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hech 10,38).
  
EL DIÁLOGO

Al meditar el misterio del Bautismo de Jesús, muchos nos preguntamos por qué quiso ser bautizado el que era la suma limpieza. Según los Padres de la Iglesia, Jesús bajó al Jordán, como Josué lo cruzó para conducir a su pueblo a la tierra de la libertad. El evangelio de Mateo introduce un diálogo intrigante para muchos creyentes: 
• “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mi?” El Catecismo de la Iglesia Católica interpreta estas palabras, como el reflejo de una duda de Juan el Bautista (CCE 535). El evangelista pretende dejar clara la superioridad de Jesús con relación al Precursor. Y disipar los recelos de los discípulos de ambos.
• “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. La respuesta de Jesús refleja su decisión de cumplir “la justicia plena”, aceptando el proyecto de Dios. Es decir, proclamando con los signos que Dios ofrece la salvación gratuita a todos los pecadores, a los que se acerca Jesús en este rito bautismal.

EL ORÁCULO

Una vez bautizado, Jesús salió del agua y vio que el Espíritu se posaba sobre él en forma de paloma. Un dato que evoca el final del diluvio. Jesús es la tierra firme que emerge de las aguas de la muerte. Él es el anuncio de la paz que Dios ofrece a la humanidad y a todo el mundo creado. Pero a lo que se “ve” acompaña la voz de lo alto que se “oye”:
• “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.  Este oráculo es una adaptación de las palabras con las que Dios se refiere a su Siervo, elegido para salvar a su pueblo por medio de su palabra y también por sus dolores.
• “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.  Si en su bautismo Jesús se asocia a la suerte de los pecadores que bajan al Jordán, su misión de Hijo amado de Dios lo llevará a sufrir por ellos, es decir por todos nosotros.
• “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.  Al mostrarnos a su Hijo amado, Dios se nos revela como Padre universal. Su amor y su misericordia lo acompañan y definen. De esos dones todos nosotros hemos sido declarados herederos.
- Padre de los cielos, que nos has revelado en Jesús a tu Hijo amado, te damos gracias por la misión salvadora que le has confiado y te rogamos que tu Espíritu nos ayude a cumplir siempre tu voluntad. Amén”.
                                                                  José-Román Flecha Andrés


CADA DIA SU AFÁN 7 de enero 2017

                                                                  

DE LOS ASTROS AL SEÑOR

Los Magos han llamado siempre la atención de los cristianos. Por su origen misterioso. Por su tenacidad en seguir un signo que los lleva hasta el Mesías. Por la osadía que los lleva a presentarse en la misma residencia de un rey que representa la primera oposición al Mesías. Por su adoración, por su entrega, por su conversión.
El episodio de los Magos es como una parábola sobre el camino que lleva de la increencia a la fe, de la lejanía al encuentro, de la paganía a la cristianía. La atención, el camino y la adoración son, en ellos y gracias a ellos, el resumen del seguimiento cristiano.
1. Los Magos miran a los astros. pero  los ven como señales de un misterio que los trasciende. Observan lo natural, pero su vida está abierta a lo sobrenatural. Sus días están llenos de sed y de espera. Sólo descubre el significado de lo que ve, quien está dispuesto a ver más allá de los signos.
La atención de los Magos a los astros es un modelo para todos nosotros. Será preciso estar atentos a la creación para ver en ella las huellas del Creador. Será necesario estar atentos a los signos de los tiempos para encontrar al Señor del tiempo y de la historia.
2. Solo descubren el sentido de la vida los que se ponen en camino. La itinerancia no es sólo una actividad más de la vida humana: es su misma esencia y su destino. En el camino, se ocultan a veces las señales que suscitaron el caminar. Pero es preciso seguir caminando.
La esperanza de los Magos es también la nuestra:  “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle” (Mt 2,2).  He ahí la pregunta que nos identifica como creyentes, la que nos hace extraños en un tiempo en el que no se valora la búsqueda.
 3. “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2,10). Pero la alegría no es el fin de los caminos, si éstos no llevan hasta la meta.  Sólo llega quien camina. Y quien reconoce que sólo el Señor merece adoración. “Entraron en la casa; vieron al Niño con su madre María y, postrándose, lo adoraron” (Mt 2,11).
Adorar es la meta y es la clave de la fe. Pero poco sería adorar sin entregarse. La adoración o es dádiva o es tan sólo un rito. Los dones que presentamos al adorar al Señor son tan sólo signo de la entrega de nosotros mismos. “Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11). Seguramente no era todo lo que tenían, pero era lo mejor que poseían. 
Los Magos llegados del Oriente son la parábola de los buscadores de Dios, convertidos ya en seguidores del Mesías. Nosotros no adoramos a los astros, sino al Señor de los astros y de la historia. Somos humildes caminantes que tratamos de ver las señales que nos llevan a reconocerle y adorarle.    
                                                        José-Román Flecha Andrés

jueves, 29 de diciembre de 2016

REFLEXIÓN- SAGRADA FAMILIA 30 de diciembre de 2016

SAGRADA FAMILIA

Al coincidir en domingo la fiesta de la Natividad del Señor y la de Santa María Madre de Dios, en este año la fiesta de la Sagrada Familia se celebra en el día 30 de diciembre. Es deseable que esta celebración no pase inadvertida para el pueblo de Dios.
El día 19 de marzo del 2016, Solemnidad de San José, el papa Francisco firmaba la exhortación apostólica “Amoris laetitia”. Es importante su análisis del amor matrimonial. Y son muy apreciables sus observaciones sobre las crisis familiares y sus orientaciones para ayudar a las familias que se encuentran en situación de fragilidad.
 Según el Papa, las palabras del Maestro (cf. Mt 22,30) y las de san Pablo (cf. 1 Co 7,29-31) sobre el matrimonio iluminan la dimensión última y definitiva de nuestra existencia, que necesitamos recuperar.
Afirma, además, que “ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar”. Todas las familias pueden verse a la luz del amor trinitario de Dios y de esa comunidad tan bella que es la familia de Nazaret.  
Ninguna familia es perfecta. A pesar de todas las dificultades, es preciso caminar sin desaliento.  “Contemplar la plenitud que todavía no alcanzamos, nos permite relativizar el recorrido histórico que estamos haciendo como familias, para dejar de exigir a las relaciones interpersonales una perfección, una pureza de intenciones y una coherencia que sólo podremos encontrar en el Reino definitivo”.
Es más, un sano realismo apoyado en el don de la caridad “nos impide juzgar con dureza a quienes viven en condiciones de mucha fragilidad”. Todos hemos de seguir caminando para ir tratando de superar nuestros límites. Por eso, “cada familia debe vivir en ese estímulo constante”.
En su carta, el Papa se había dirigido directamente a los novios. Al final de la misma se dirige a las familias, diciendo: “Caminemos, familias, sigamos caminando. Lo que se nos promete es siempre más. No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido”.
Finalmente, habrá que recordar frecuentemente la oración a la Sagrada Familia, con la que concluye su exhortación:
“Jesús, María y José en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor, a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret, haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios. Jesús, María y José, escuchad, acoged nuestra súplica. Amén”.
                                                              José-Román Flecha Andrés

martes, 27 de diciembre de 2016

FIESTA DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

REFLEXIÓN- SANTA MARÍA MADRE DE DIOS 1 de enero de 2017


MADRE DE DIOS

“Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.” Así resume san Pablo el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios (Gál 4,4).
El Hijo que vive en la eternidad es enviado por Dios y, sin embargo, nace en el tiempo de una mujer. Lo divino ha entrado en la esfera de lo humano. Y ahí está María como hospedera terrena del misterio celestial. Madre del Hijo de Dios, tan divino que puede hacerse humano. Tan humano que nos revela lo divino.
María es la Madre de Dios. “El dogma de la maternidad divina de María fue para el Concilio de Éfeso y es para la Iglesia como un sello del dogma de la Encarnación, en la que el Verbo asume realmente en la unidad de su persona la naturaleza humana sin anularla”. Así lo escribió san Juan Pablo II (Redemptoris Mater, 4).

LOS MENSAJEROS

Con un lenguaje no menos profundo, pero sí más cercano a la experiencia humana, el evangelio de Lucas nos hace presente una escena que siempre imaginamos nocturna: “Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido recostado en el pesebre” (Lc 2,16).
• Los pastores escuchan el mensaje celestial, encuentran al que les ha sido anunciado y ellos, a su vez, transmiten el mensaje recibido. La luz de lo alto los guía en la noche. Escuchar, ver y anunciar. He ahí las tres actitudes que caracterizan a los creyentes, es decir, a los que se asoman a los misterios divinos, que transforman a los humanos.
• Como se sabe, los pastores eran despreciados por la sociedad. No eran aceptados como testigos ante los tribunales. Y, sin embargo, ellos son los elegidos por Dios para dar testimonio de su presencia en el mundo. Los evangelizados se transforman en evangelizadores.

EL CORAZÓN

El evangelio de Lucas añade todavía una interesante observación sobre la Madre de Jesús: “María conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. ¿Cómo podía vivir con indiferencia el hecho que transformaba toda su vida?
• “María conservaba todas estas cosas”. Recordar es pasar por el corazón los acontecimientos que nos importan. María es modelo de muchas actitudes. También de la actitud de la acogida. No se puede morir de sed si se pasa junto a la fuente y se la ignora. Nadie puede ser salvado si desprecia al Salvador.
• “María meditaba estas cosas en su corazón”. Meditar es reflexionar sobre lo que realmente es importante para la vida. Aprender a saborear lo verdadero, lo bueno y lo bello. Hasta que nuestro corazón llegue a vivir en sintonía con Aquel que es la Verdad, la Bondad y la Belleza.
- Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 31 de diciembre de 2016


«LA NO VIOLENCIA: UN ESTILO DE POLÍTICA PARA LA PAZ»
En su mensaje para la Jornada del año 2017, el papa Francisco desea la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que reza “para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. He aquí siete puntos clave de este mensaje:
1. “ Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas”.
2. “Hoy estamos ante una terrible guerra mundial por partes”. La violencia se llama terrorismo, criminalidad, ataques armados impredecibles, abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata, devastación del medio ambiente. Pero, la violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado.  
3. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Pero el amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”. No se debe entender como un rendirse ante el mal, sino en responder al mal con el bien, rompiendo la cadena de la injusticia.
4. La Iglesia ha favorecido la promoción de la paz. Pero esta tarea es propia de muchas tradiciones religiosas. Ninguna religión es terrorista. La violencia es una profanación del nombre de Dios. No se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra.
5. Si la violencia brota del corazón de los hombres,  el sendero de la no violencia comienza en la familia. La familia es el lugar para comunicarse y  cuidarse unos a otros y superar los conflictos no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón.
 6.  Una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. Por eso el Papa propugna el desarme, la prohibición y abolición de las armas nucleares.  
7. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.
 En el 2017, prometamos ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y construyamos comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. “Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz”.

                                                                     José-Román Flecha Andrés

lunes, 19 de diciembre de 2016

POSADAS 2016 Parroquia de Llanquihue, Chile.

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE JESUCRISTO A

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE JESUCRISTO. A 25 de diciembre de 2016

          LA GLORIA Y LA PAZ

 “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombra y una luz les brilló”  (Is 9,2). El profeta Isaías había visto abatirse la desgracia sobre las tierras del norte de Palestina. Pero de pronto ve brillar la esperanza sobre aquella “Galilea de los gentiles”, como era llamada con desprecio por los habitantes del reino de Judá
Ahora bien, esa esperanza está vinculada al nacimiento de un niño: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”. El profeta se alegra e exhorta a su pueblo a la alegría. El niño podrá ser reconocido por su sabiduría y por su amor a la justicia. Sorprendentemente se le dará el títutlo de “Dios guerrero, Padre perpetuo y Principe de la paz”.
 El salmo responsorial recoge esa profecía y nos invita a cantar: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Sal 95). Y San Pablo escribe a Tito que “ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres” (Tit 2,11). Un hecho que nos exige llevar una vida sobria, honrada y religiosa. 

LA NOCHE Y LA LUZ

 El evangelkio de esta noche de Navidad nos transmite la noticia del Nacimiento de Jesús en Belén de Judea (Lc 2,1-14). Los acontecimientos históricos pueden parecer fastidiosos y hasta llenos de prepotencia. Pero han hecho posible el nacimiento de Jesús en el humilde lugar que señalaban los profetas. Dios escribe derecho con líneas torcidas.
En aquel tiempo, los pastores no eran aceptados como testigos en los tribunales. No eran de fiar. Pero Dios es sorpendente y siempre lo será. Él elige a los pastores como los testigos y mensajeros del nacimiento del Mesías. La grandeza de Dios se sirve de la pequeñez y de la pobreza para hacerse creíble. Los pobres nos evangelizan.
Las palabras de Isaías se hacen realidad. Ahora sí que el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una luz grande. El texto evangélico contrapone a la noche de nuestra vigilia humana  el resplandor de la presencia divina. De hecho, nos  dice que a los pastores “la gloria del Señor los envolvió de claridad”. Sólo los humildes y marginados son iluminados.

EL MENSAJE

La última parte de este relato tan conocido nos llena siempre de sorpresa, de humildad y de esperanza.
• De sorpresa, por la noticia: “Os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”. Nosotros esperamos ser salvador por la técnica o por la política,  por la violencia de las armas o por los pactos de poder. Pero el Salvador viene de lo alto.
• De humildad, por la señal: “Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Desearíamos encontrar la señal de Dios en la fuerza o en la erudición. Pero la verdadera señal es la de la vida inerme. La de la vida que surge en la pobreza.
• De esperanza, por la alabanza angélica: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. Buscamos nuestra gloria y por ella nos afanamos. Pero es la gloria de Dios la que nos guía. Su gloria es que el hombre viva. Ese es el signo de su amor.
- Señor Jesús, tú vienes a nuestra tierra en el modo menos imaginable. Queremos acogerte como eres y como vienes. Te reconocemos como nuestro Hermano y como nuestro Salvador. Te presentamos este mundo, el único que tenemos. Bendito seas, Señor. Amén.
                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 24 de dieciembre de 2016

LA SONRISA Y EL NIÑO

Seguramente muchos de nosotros recordamos aquella famosa égloga IV del poeta latino Virgilio: “Comienza, pequeño niño a reconocer a tu madre por la risa”. Algunos preferían traducir de otra manera aquel verso: “Comienza, pequeño niño a demostrarle con tu sonrisa que  conoces a tu madre”. Las dos opciones son hermosas.
En una de sus recientes catequesis, el papa Francisco ha apelado a esta imagen tan sugerente como inquietante: la de la sonrisa. ¿Es que no sabemos sonreír? Tal vez nos falten razones y ocasiones para que brote esa sonrisa que nos desarma ante los demás. ¿Es que ese signo de nuestra más serena alegría se nos ha convertido en una mueca?
 El Papa se ha fijado en esta sequedad de nuestros encuentros. Y nos ha recordado la íntima relación que vincula la sonrisa al talante y a la virtud de la esperanza: “Cuando estamos en la oscuridad y en las dificultades, no nos sale la sonrisa. Es precisamente la esperanza la que nos enseña a sonreír para encontrar el camino que conduce a Dios”.
No es casual esa referencia a Dios, que ha de ser la fuente de nuestra alegría.  Por eso el Papa nos invita a reflexionar sobre nuestra relación personal con Dios: “Una de las primeras cosas que suceden a quienes se apartan de Dios es que son personas sin sonrisa”. Cuando falta la fe, no bastan las bromas ni las carcajadas. Falta también la sonrisa de la esperanza de encontrar a Dios.
Pero en su discurso el papa Francisco ha evocado también otra imagen que nunca puede quedar en el olvido: la del niño pequeño, que siempre suscita nuestra sonrisa y que lentamente aprende él también a sonreír. ¡Quién sabe si nuestra dificultad para sonreír no tiene su causa en esa resistencia de nuestra sociedad a aceptar el don de los hijos!
Según el papa Francisco, “cuando nos encontramos ante un niño, aun cuando tengamos problemas y dificultades, nos viene de dentro la sonrisa, porque nos encontramos ante la esperanza. ¡Un niño es siempre una esperanza! Pues bien, Dios se ha hecho niño por nosotros. Y nos hará sonreír. ¡Nos lo dará todo!”
Durante los días en que nos acercamos a la Navidad, las ciudades de medio mundo se adornan e iluminan como nunca. El espectáculo resulta seductor, aunque en algunas partes se eviten las referencias a la fe cristiana. De todas formas, las gentes de muchos lugares  parecen disponerse a una gran celebración. Todo parece extraordinario.
Pues bien, la celebración de la Navidad nos invita a buscar un momento de silencio para preguntarnos cómo andamos en estas experiencias fundamentales. Y, sobre todo, nos invita a acercarnos al Niño Dios que nace por nosotros y para nuestra salvación.
                                                             José-Román Flecha Andrés

viernes, 9 de diciembre de 2016

DOMINGO 4º DE ADVIENTO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 4º DE ADVIENTO. A-18 de diciembre de 2016


          EL HIJO DE UNA VIRGEN

 “Mirad: la virgen está encinta y da a luz a un hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que significa, Dios con nosotros”) (Is 7,14). El rey Acaz teme que los pueblos que se habían coaligado contra él llegaran a invadir la ciudad de Jerusalén. Por eso está revisando las conducciones de agua. Buena previsión ante un posible asedio a la ciudad.
El profeta Isaías se acerca para anunciarle que no habrá guerra. El rey no cree al profeta. Este le sugiere que pida una señal, pero el rey se muestra cínicamente piadoso. No quiere tentar al Señor. Pues bien, el Señor le da una señal. La señal de la vida, representada en un niño que nace y en el nombre que se le impone. ¡Dios con nosotros!
 Con toda razón el salmo responsorial nos invita a hacer nuestra la certeza de esa presencia en medio de nosotros: “Va a entrar el Señor. Él es el Rey de la gloria” (Sal 23). Y San Pablo, por su parte, nos exhorta a ver cómo el Evangelio se refiere al descendiente de David, que es también Hijo de Dios  (Rom 1,1-7).

EL SALVADOR

 Estamos acostumbrados a meditar la anunciación del ángel a María. Pero el evangelio de este tercer domingo de Adviento nos presenta la anunciación del ángel a José, su esposo (Mt 1,18-24). En un caso y en el otro, Dios revela a sus elegidos su plan de salvación. Es decir, les anuncia el nacimiento del Salvador. 
Ese es el núcleo del mensaje. Con frecuencia pensamos que lo importante de este pasaje es disipar las dudas de José. Y con razón, porque el ser humano se siente perdido ante la presencia de lo desacostumbrado Y mucho más perdido cuando los acontecimientos parecen deshacer sus propios planes de vida.
Pero hay algo más. Ante las dudas de José, vemos que el ángel del Señor le abre un resquicio para que pueda aceptar el don de la vida y el misterio que viene a rozar su rutina. Además, el ángel del Señor le confiere el honor y la responsabilidad de poner nombre al niño que llega: “Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”.

EMMANUEL

Por su parte, el evangelista Mateo recuerda la profecía de Isaías al rey Acaz. La certeza de que no habría guerra. La promesa de la paz. La garantía a un rey tan preocupado como cínico. Todo es visto desde otra clave.
• “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. La doncella anunciada por el profeta Isaías es ahora presentada como una virgen. Eso significa que el hijo que de ella va a nacer no es fruto del esfuerzo y de los planes humanos. Es un don gratuito de Dios a la pobreza y a la humildad humana. 
• “Le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios había estado siempre al lado de su pueblo. Ahora, en el hijo de María, Dios habrá de hacerse cercano a todos los seres humanos, sean del origen que sean. Se hará tan cercano que adoptará su naturaleza y sus sueños, su fatiga y sus esperanzas.
- Padre de los cielos, concédenos la limpieza de María y la silenciosa docilidad de José, para que tu hijo Jesús, nuestro Hermano y Salvador, se haga presente entre nosotros. Te lo pedimos con fe y esperanza, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
 José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 16 de diciembre de 2016

EL DESIERTO Y LA ESPERANZA
 Volver a esperar y volver a sonreír. Muchas personas dirán que, “con lo que está cayendo”,  no es fácil intentarlo.  Muchos pensarán que se trata de un espejismo en medio del desierto. Sin embargo, esa es la doble invitación que el papa Francisco nos ha dirigido a todos en una de sus catequesis del tiempo de Adviento.
Como se habitual en las audiencias papales, la llamada a la esperanza venía sugerida por la lectura de un texto bíblico.  En esta ocasión se trataba de la segunda parte del libro de Isaías. Por medio de aquel poema de consuelo se anunciaba al pueblo de Israel el fin de su penosa cautividad en Babilonia. Era el momento de volver a atravesar el desierto para retornar a la patria siempre añorada.
Esa era la imagen de partida: el desierto. Es esa una tremenda metáfora de nuestra situación. En reflejo de nuestro abandono y de nuestro desconcierto ante las amenazas que cada día se vuelcan sobre nosotros y sobre toda la humanidad. Atravesar el desierto sin abandonar la esperanza.  ¡Que desafío! Pero es posible, aunque parezca mentira.
Sin embargo, recobrar la esperanza no significa agarrarse confiadamente al optimismo. Aunque se parezcan en su orientación al futuro, esas dos actitudes se diferencian en lo fundamental. El optimismo se basa en nuestras fuerzas físicas, económicas, morales o políticas.
Pero esa raíz es engañosa. Atendiendo a las vicisitudes de la sociedad y recordando las lecciones de la historia, todos hemos ido aprendiendo a desconfiar de esos presuntos apoyos, que se manifiestan tan frágiles como engañosos. “La esperanza es la virtud de los pequeños. Los grandes y los satisfechos no conocen la esperanza; no saben lo que es”.
Ese es el mensaje de las Sagradas Escrituras. A lo largo de la historia de la salvación, no han sido las armas ni el poder lo que ha orientado la esperanza de los hombres y mujeres. El hartazgo y la altanería no sacan a las gentes a recorrer el desierto con esperanza.
El creyente sabe que recobrar la esperanza sólo es posible si se recobra el don de la fe. Esa fe que nos dice que no estamos solos en la travesía del desierto. Esa fe nos asegura que Dios camina junto a nosotros, que nos da una mano y –lo que es más importante aún- que se hace uno de los nuestros para asumir nuestra peripecia.
¡Dios con nosotros! Esa era la promesa de los profetas. Durante siglos parecía referirse a la protección de Dios, que se hacía realidad en la vida concreta de las gentes y del pueblo. Pero esa promesa terminó por concretarse en una persona. Era un nombre para el enviado por Dios. Era la clave de la salvación. Y el nombre del Salvador. Él era el esperado. Y él es hoy el que espera ser acogido por nosotros.
                                                    José-Román Flecha Andrés

martes, 6 de diciembre de 2016

DOMINGO 3º DE ADVIENTO A

REFLEXIÓN-DOMINGO 4º DE ADVIENTO. A 11 de diciembre de 2016


          CIEGOS Y SORDOS 
 “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor” (Is 35,5-6). ¡Palabras, solo palabras! Así responderá el que considere esta profecía de Isaías como un utópico e increible poema de promesas imposibles.
Sin embargo, el pueblo de Israel creyó que aquellas imágenes poéticas podían anunciar una realidad posible. Y así fue. El imperio opresor cayó como todos los imperios. Un rey venido de fuera concedió la libertad a los pueblos oprimidos. Y los hebreos vieron en la salvación que se les ofrecía “la gloria de Dios y la belleza de su Dios”.  
El salmo responsorial nos une a aquella esperanza renacida al evocar aquellos mismos portentos que significan y anuncian una salvación integral (Sal 145). Nos ayudan, además, las palabras de la carta de Santiago: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor... Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca” (Sant 5, 7-10).

LAS DUDAS

 Juan Bautista había sido elegido como profeta y se esforzaba en transmitir la llamada a la conversión. Pero, recluído por Herodes en una mazmorra, debió de sufrir el asalto de las dudas (Mt 11, 1-11). ¿Sería Jesús el Mesías que él había anunciado o habría que esperar a otro? A los mensajeros que le envío, Jesús respondió con hechos cumplidos.
• “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo”. Junto al Jordán se habían encontrado el Precursor y el Anunciado. Ahora ambos recurren a discípulos que pasen la pregunta y la respuesta. “Id a anunciar”. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si estos mensajeros no reflejarán la humilde misión que nos ha sido confiada?
• “Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”.  Esos son los hechos que dan fe de la autenticidad del Mesías. En él se cumple la antigua profecía de Isaías. ¿No reflejarán esos hechos ese servicio a las personas que se espera de nuestra misión?

Y LA DICHA

De todas formas, el texto nos sugiere que Jesús ha captado las dudas que asaltan a Juan el Bautista. Y no quiere ignorarlas. Al contrario, en su pregunta adivina la incertidumbre de los que, a lo largo de los tiempos, se preguntarán por la señas del Mesías y de su misión.
• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, muchos esperaban un Mesías guerrero que se levantara contra Roma, como Judas Macabeo se había sublevado contra la tiranía de Antíoco. Pero Jesús se presentaba como humilde y manso de corazón. 
• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, algunos esperaban que el Mesías les concediera puestos de honor para brillar en medio de su pueblo. Algo de eso pretendían los discípulos Santiago y Juan. Pero Jesús les invitaba a beber su propio cáliz.
• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En estos tiempos, como en aquellos, no faltan los que piensan que el Mesías ha de revelarles todos los misterios de la naturaleza y de la historia. Pero Jesús nos propone solamente la sabiduría de la cruz.
- Señor Jesús, enséñanos a reconocerte como eres en realidad y ayúdanos a acogerte como nuestro Salvador. Abre tú nuestros sentidos y danos generosidad para anunciar a los pobres de forma creible la Buena Noticia  de tu Reino.¡Ven, Señor Jesús!
                                                       José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 10 de diciembre de 2016

                                                             

LA MUERTE, EL CUERPO Y LA VIDA 
 Durante el mes de noviembre solemos dedicar una mayor atención a nuestros seres queridos que ya han dejado esta “triste vida corporal”, como la califica la letra del famoso Misterio de Elche.
Es interesante esa referencia a lo corporal. Solemos pensar nuestra vida como una peripecia psicosomática. Nuestro espíritu se manifiesta en nuestro cuerpo y a través de él. Y nuestro cuerpo trasciende la mera carnalidad material. Somos un encuentro fecundo y provocador entre el viento y el barro. No es ociosa esa imagen bíblica de la creación.
Pues bien, a lo largo de nuestro recorrido por este lugar y este tiempo que nos concentran y nos sitúan, nos vemos como señores libres. Nos creemos dueños de nosotros mismos, de nuestro recuerdos y proyectos, de nuestro pasado y de nuestro futuro. Controlamos el terreno que pisamos y las tierras que todavía deseamos conocer.
“Tal era yo entre los guerreros, si todo no ha sido un sueño” Es impresionante esa observación de Néstor que se recoge en el canto XI de la Ilíada. ¿Será todo un espejismo? ¿Es la vida “una ilusión, una sombra, una ficción”? ¿Tendrá razón Segismundo cuando piensa en su prisión que “toda la vida es sueño”?
De hecho, la muerte viene a “desengañarnos”.  El sueño de la muerte ¿no será un despertar? Ya decía Tagore que “la muerte como el nacimiento, es propia de la vida. Andar es tanto levantar el pie como bajarlo al suelo”.  Lo cierto es que el espíritu nos desvela la fragilidad del cuerpo. Y el cuerpo nos revela finalmente el sentido de los vuelos del espíritu.
¡El cuerpo! Tan ensalzado y mimado muchas veces. Tan despreciado y mal utilizado en tantas ocasiones. Tan débil en su grandeza y tan grande en su debilidad.  Al final –justamente al final- descubrimos que el cuerpo nos abre a la verdad, nos enfrenta al problema diario del vivir y nos abre una rendija para atisbar la luminosidad cegadora del misterio. 
El cuerpo es un cuasi-sacramento de la finitud y de la infinitud del hombre, de su hartazgo y de su hambre, de su fatiga y su descanso. Nuestro cuerpo nos recuerda que no somos solo un amasijo de células. Pero al mismo tiempo nos advierte que no somos dioses. No somos dioses todavía. Porque Dios nos ofrece un “admirable comercio”.
El Señor se hace siervo, para que los seres humanos podamos al fin llegar a participar de su señorío. Él se abaja para que nosotros podamos ascender. Dios se hace hombre para que los hombres podamos vivir la vida de Dios.
Evidentemente, nos engañó la serpiente. Podemos llegar a ser como Dios. Pero no por medio de la magia del fruto de un árbol, sino por la entrega del Hijo de Dios, el fruto de  otro “árbol único en nobleza”.
                                                                           José-Román Flecha Andrés