domingo, 12 de febrero de 2017

DOMINGO 7º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 7º DEL TIEMPO ORDINARIO. A 19 de febrero de 2017

PERFECTOS COMO EL PADRE

 “No odiarás de corazón a tu hermano…No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Estas normas forman parte de  una amplia lista de prescripciones morales y cultuales. El libro del Levítico les otorga la máxima autoridad al presentarlas como un mensaje de Dios a Moisés (Lev 19,17-18).
Así pues, el texto contiene dos prohibiciones y una exhortación. Ya son importantes esas limitaciones al odio y a la venganza. Con ellas podrían funcionar bastante bien una familia y una aldea, una ciudad y un país. ¿Y por qué no la comunidad internacional? 
Pero el mensaje divino va más allá. Dios pide a los miembros de su pueblo que amen a los demás como a sí mismos. Eso significa que hay que aprender a amarse a sí mismo. Y hay que ver al otro como una proyección de uno mismo. No es facil. Pero habrá que tratar de ensayar ambas propuestas.   
 El salmo 102 sugiere un buen motivo para actuar de esa forma. El Señor es compasivo y misericordioso. Y eso basta. Tratar de imitar el modo de ser de Dios no debería sonar como un peso o una carga, sino como el más grande de los honores.

DEL ODIO AL AMOR

El evangelio que hoy se proclama forma parte del Sermón de la Montaña (Mt 5, 38-48). Poco antes, Jesús nos revela el sentido positivo de tres preceptos aparentemente negativos: No matar, no adulterar y no jurar. Hoy se añaden otros dos preceptos. 
• “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo diente por diente”. Esa famosa norma del talión no era un permiso para la venganza. Era una restricción de la venganza salvaje que reivindicaba Lamec, descendiente de Caín. Pero Jesús aconseja romper la espiral de violencia y ser generoso en el servicio a los demás.
• “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. El amor estaba ya prescrito en el libro del Levítico. Aborrecer al enemigo era la regla y el estilo de algunas comunidades tan fanáticas como radicales. Pero Jesús aconseja terminar con los enemigos por el sencillo expediente de amarlos.  

NI PECADORES NI PAGANOS

¿Qué razones pueden movernos a pasar de la indiferencia a la cercanía y del odio al amor? No podemos darnos por satisfechos con un premio terreno por nuestro buen comportamiento. Jesús enuncia dos motivos importantes. 
•  Es preciso superar los criterios y las actitudes de los paganos, y los pecadores. Estos aman a los que comparten su suerte y sus ideales. Pero el seguidor de Jesús ha de tratar de superar ese nivel de comportamiento. Ha de amar aun a los enemigos.
• Es preciso ir más allá de lo socialmente admitido, de lo políticamente correcto. Hay que aprender a remar contra corriente. Y eso no para esperar un premio terreno. Sino porque así es como se comporta Dios. ¿Hay algún motivo más alto? 
- Señor Jesús, para exhortarnos amar a nuestro prójimo, aunque nos haya hecho mal, tú pones ante nuestros ojos la imagen del Padre celestial. Él hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos. Que tu Espíritu nos ayude a imitar la bondad y el amor del Padre. Amén. 
                                                             José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 18 de febrero de 2017

                                                
SOBRE EL DÍA SAN VALENTÍN

En nuestro tiempo se ha extendido por todo el mundo la celebración en honor de San Valentín, como día del amor y de la amistad. Ya sabemos que esa fiesta ha sido introducida con fines comerciales. De alguna forma había que estimular a los ciudadanos con una ocasión para comprar y ofrecer regalos. Así que se eligió una fecha a medio camino entre las compras del tiempo de Navidad y las de la próxima primavera.
Muchos hemos criticado esta visión comercial que hace del amor un motivo más para ofrecer a la venta nuevos artículos y nuevos servicios. Sin embargo, en su exhortación “La alegría del amor”, el Papa Francisco nos ha dicho que, en el acompañamiento de los novios hacia el matrimonio, no hay que olvidar los valiosos recursos de la pastoral popular.
De una forma muy suave nos ha reprochado no tener en cuenta la importancia este día. Esto es lo que nos ha dicho:  “Para dar un sencillo ejemplo, recuerdo el día de san Valentín, que en algunos países es mejor aprovechado por los comerciantes que por la creatividad de los pastores” (AL 208).
Deberíamos estar más atentos a lo que se hace y se promueve en nuestro ambiente. Y tenerlo en cuenta para promover los ideales humanos y cristianos. Efectivamente, también esta celebración puede ser aprovechada para invitar a los novios a una jornada de reflexión sobre lo que es el amor, lo que significa para las personas y lo que exige de su responsabilidad.
El amor es la canción del noviazgo. Mil veces lo han repetido los poetas de todos los siglos. El noviazgo puede parecer a simple vista una situación que afecta solamente a dos personas. Pero según la conocida frase de Antoine de Saint-Exupéry, el famoso autor de El Principito, “amar no es mirarse uno a otro a los ojos, sino mirar juntos en la misma dirección”. El noviazgo no puede identificarse con el ensimismamiento.
Ser novios significa elegir y haber sido elegidos. Y la elección no se merece, se agradece. El amor es gratuito, pero no puede ser ingrato. El noviazgo no puede ser una etapa en la que las personas se aíslen en la contemplación mutua, ignorando a los demás. La utopía de la isla solitaria es una fantasía irreal.
 El mismo Papa Francisco ha escrito que lamentablemente, muchos novios llegan sin conocerse a la celebración del matrimonio. “Sólo se han distraído juntos, han hecho experiencias juntos, pero no han enfrentado el desafío de mostrarse a sí mismos y de aprender quién es en realidad el otro” (AL 210).
Los novios necesitan un tiempo para conocer el ser del otro, sus ideales y los medios que ambos están dispuestos a usar para alcanzarlos. Y, aunque parezca extraño, necesitan también la cercanía y la ayuda de sus familias y de toda la comunidad cristiana. Todos ellos son el futuro de la sociedad. Y los novios cristianos son el futuro de la Iglesia.
                                                                   José-Román Flecha Andrés

sábado, 11 de febrero de 2017

LIBRO- EL CAMINO DEL AMOR

"Hemos nacido del amor y hemos nacido para amar. Siguiendo la pauta de la exhortación "Amoris laetitia",, publicada por el Papa Francisco,  esta obra ofrece principios y sugerencias para vivir la responsabilidad y la fiesta del amor".

LIBRO- EL CÁNTARO. CICLO A


La Samaritana olvidó el agua y el cántaro por la dulzura de las palabras de Dios (Jn 4,28)”. Así escribe san Juan de la Cruz en la Llama de amor viva (1,6). Olvidó el agua del pozo de Jacob y empezó a desear el agua que saltaba hasta la vida eterna. En el desierto en que hoy nos movemos “estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás” (papa  Francisco, EG 86). Y esto es lo que humildemente pretenden estos comentarios a la palabra de Dios que se proclama en la celebración eucarística de los domingos y de las fiestas del Ciclo A. Es de esperar que, aunque se olvide el cántaro, se pueda disfrutar del agua de la vida que la Iglesia nos ofrece.

viernes, 10 de febrero de 2017

PROVERBIO 4, 2 (16) SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LAS LAJAS...

PROVERBIO 4 1 (15) CATEDRAL DE LA ENCARNACIÓN. GRANADA NICARAGUA.

PROVERBIO 3, 35 (14) BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA. TEGUCIGALPA, ...

PROV 3, 31-32 (13) Catedral de la Señora Santa Ana. Santa Ana El Salvador

PROV 3,27 (12) Catedral Metropolitana de Guatemala

Proverbios 3,13 (10) Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada...

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3, 12 (9) PRO...

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3,7 (8)

Un minuto de Sabiduría con el Padre José Román Flecha Pro. 3, 5

martes, 7 de febrero de 2017

DOMINGO 6º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN-DOMINGO 6º DEL TIEMPO ORDINARIO.A 12 de febrero de 2017

LA VERDADERA JUSTICIA 
 “Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad”.  Así comienza el texto del libro del Eclesiástico que hoy se proclama en la primera lectura de la misa (Eclo 15,16). Esas palabras fueron escritas para ser leídas en una comunidad judía que estaba en contacto con la cultura griega o helenista.
En aquella cultura aparentemente tan libre las gentes se consideraban dirigidas por el destino. Así que era necesario recordar el valor de la voluntad y de la libertad humana. El texto continúa de forma más concreta: “Ante ti están puestos fuego y agua, echa mano a lo que quieras. Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja”.
Con razón el papa Juan Pablo II subrayó estas palabras en su encíclica “El esplendor de la verdad”. En nuestra sociedad se insiste tanto en los condicionantes de la persona que se niega su libertad y su responsabilidad. Siempre que la persona no sea la víctima de la irresponsabilidad de los demás. Porque entonces, claro que se supone la libertad del que falló.

MANDATOS Y VALORES

Para el mensaje bíblico, lo que importa es ajustar nuestra voluntad a la voluntad del Señor, como canta el salmo 118. Eso nos hará realmente libres. Y esa convicción no ha sido negada por Jesús.
Al contrario. Jesús no vino a abolir los mandamientos de la Ley, sino a ayudarnos a descubrir su sentido más profundo (Mt 5,17-37). El evangelio de este domingo ofrece tres ejemplos, en los que los mandatos desvelan la importancia de los valores humanos:
• No basta con “no matar”. Hay que descubrir el valor de la vida. Es preciso respetar la vida de los demás, pero también su honor. Eso nos exige estar dispuestos a perdonar al hermano y a fomentar la fraternidad.
• No basta con “no cometer adulterio”. Hay que fomentar el valor de la fidelidad, Para eso hemos de vivir unas relaciones interpersonales que reflejen la limpieza del corazón y promuevan el respeto mutuo.
• No basta con “no jurar en falso”. Hay que amar el valor de la verdad. Y vivir de forma tan coherente y diáfana que baste con decir “sí” y “no” para ser creídos por los demás y para promover una cultura que admita la seriedad de la palabra dada. 

IMPORTANCIA Y GRANDEZA

Este texto se sitúa en el marco del Sermón de la Montaña, que se abre con las bienaventuranzas de Jesús. Aquellos ideales de vida no se oponen a estos valores éticos. Al contrario. Ambas proclamas indican el verdadero camino de la felicidad.
•  “El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos”. La importancia verdadera no la dan el tener, el poder, el placer o la impostura. Conviene no equivocarse.  
• “Quien cumpla estos preceptos y los enseñe será grande en el reino de los cielos”. La verdadera grandeza se consigue por el aprecio y la promoción de esos grandes valores humanos que son tutelados por los mandamientos. Conviene estar bien orientados.
- Señor Jesús, Tú has querido enseñarnos el camino de la verdadera justicia. Es decir el modo de “ajustarnos” a la voluntad de un Dios que nos ha creado para esa felicidad, que es el resultado de la fidelidad. Gracias por tu orientación y por tu luz Amén.
                                                                                   José-Román Flecha Andrés


CADA DÍA SU AFÁN 11 de febrero 2017

                                                             
COMIDA Y COMPROMISO
Como es tradicional, el segundo domingo de febrero se celebra entre nosotros la Jornada Nacional de Manos Unidas. Esa Organización no Gubernamental de la Iglesia Católica trata de promover aquel desarrollo integral al que se refería ya el papa Pablo VI. Un desarrollo para todo el hombre y para todos los hombres.
El lema adoptado por Manos Unidas para este año 2017 seguramente no dejará de llamar la atención al observador más distraído: “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida”.
Ese par de dodecasílados tiene su pizca de provocación. La primera parte nos lleva a cuestionar esos clichés tan habituales sobre el hambre, la producción y la distribución de los alimentos. Ya el papa Francisco había descolocado a mucha gente con una afirmación aparentemente escandalosa: “Existe alimento para todos; el hambre se debe a la mala distribución de los bienes de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio” (La alegría del Evangelio, 191).
La campaña de Manos Unidas se sitúa en la misma longitud de onda al proclamar que “Un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura”. En la basura o en grandes almacenes,  como los que ya denunciaban los antiguos Padres de la Iglesia.
La segunda parte del lema para la campaña de este año no puede dejarnos indiferentes. Faltan personas que se comprometan. Bien sabemos que ese es un mal que caracteriza nuestra época. Hay muchas personas generosas y dispuestas a una ayuda puntual, con tal de que sea pasajera. Los terremotos o un tsunami, los incendios forestales, o una estación de lluvias torrenciales suelen suscitar nuestra compasión. Y hay que aplaudir esa buena voluntad.
Pero en la sociedad actual, todos estamos muy ocupados cada uno de los días de la semana. No podemos comprometernos con obras de promoción y desarrollo. Además, hay otra razón: comprometerse con una causa nos exige “salir” de nuestra indiferencia y nuestra comodidad, como también dice el papa Francisco. Quien se compromete parece estar hipotecando su libertad y su futuro. Y eso nos cuesta mucho a todos.
En el mismo contexto ya citado el papa Francisco nos decía que no basta con “asegurar a todos la comida, o un decoroso sustento, sino de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno” (La alegría del Evangelio, 192). 
El lema de Manos Unidas para este año parece jugar con nuestros actos y actitudes. Estamos dispuestos a realizar un acto noble y generoso, como dar comida o agua, vestido o techo. Pero aún no estamos dispuestos a adoptar una actitud de compromiso y dedicación a la causa del bien y a la lucha contra la marginalidad. Habrá que cambiar el modo de pensar y de obrar.
                                               José-Román Flecha Andrés

lunes, 30 de enero de 2017

DOMINGO 5º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO. A 5 de febrero de 2017

LUZ DEL MUNDO

 “Entonces romperá tu luz como la aurora…, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.  Esas promesas, que encontramos en el texto del libro de Isaías que hoy se proclama (Is 58,7-10). Son la respuesta de Dios a todos los que se lamentan de haber ayunado sin ser escuchados por el Señor.
El oráculo dice que el ayuno verdadero consiste en partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrar el corazón a los que son nuestros hermanos. Es decir, el auténtico ayuno no consiste tanto en no comer como en practicar las obras de misericordia.
Por eso el salmo responsorial se hace eco de aquella profecía, proclamando: “Quien es justo, clemente y compasivo, brilla como una luz en las tinieblas”.
Para nada vale nuestra autosuficiencia. Con razón escribe san Pablo que “nuestra fe no se apoya en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1Cor 2,5).

LA CIUDAD Y LA LÁMPARA

En el evangelio según san Mateo, el capítulo 5 comenzaba proclamando las bienaventuranzas de Jesús. En ellas se dice cómo es Dios y cuál es la identidad del Cristo. Pero también se expone la misión de la Iglesia y se revela la honda verdad del ser humano.  A continuación, Jesús se refiere a sus discípulos con una proclamación y dos imágenes complementarias:
• “Vosotros sois la luz del mundo”. No es un mandato. Antes de ser una obligación moral, es una revelación. Aquel que es la Luz hace que sus seguidores sean luminosos para un mundo que con frecuencia parece caminar en las tinieblas.
• “No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte”. Para favorecer la defensa, muchas ciudades antiguas se elevaban sobre una colina. Eso facilitaba también a los peregrinos encontrar el camino para guarecerse en ellas.
• “Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa”. Esta otra imagen, tan casera y familiar, invita a los discípulos a ser testigos de la luz recibida del Señor.

DON Y TAREA

De todas formas, el texto evangélico continúa con una exhortación, tan apremiante como sugerente, tan tradicional como actual:
•  “Alumbre así vuestra luz a los hombres”. Nadie recibe el don de la gracia solo para su propio beneficio. La luz que hemos recibido es un don gratuito, pero es también una tarea y una responsabilidad. Ha de llegar a todos los hombres.
• “Para que vean vuestras buenas obras”. El bien ha de ser bien hecho. Y las buenas obras no pueden quedar ocultas. No se puede hacer el bien para ser alabados, pero no es razonable ocultarlo siempre a  los ojos de los demás.
• “Para que den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”. Esa es la clave. Esa es la motivación de toda la exhortación. La difusión del bien no puede convertirse en un motivo para la gloria personal. Promover la gloria del Padre es el camino de la felicidad.
- Señor Jesús, te reconocemos y te proclamamos como la luz verdadera que ha venido a este mundo. Que nuestras palabras y obras difundan tu resplandor, nos ayuden a encontrar la verdad  y a orientar a otros por el camino del bien. Amén.
                                                           José-Román Flecha Andrés



CADA DÍA SU AFÁN 4 de febrero de 2017

                          
PERSONAS MÁS QUE PROTOCOLOS

Hace ya veinticinco años que el papa san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo. De nuevo se celebra el día  11 de febrero   con el lema: El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49).
Como nos dice el papa Francisco, esta jornada nos invita a prestar atención a todos los que sufren. Además, exhorta a sus familiares, a los agentes sanitarios y a los voluntarios, a dar gracias por la gracia  de poder acompañar a los hermanos enfermos. Y en tercer lugar mueve a la Iglesia a realizar su misión de servir a los últimos, a los que sufren, a los excluidos y marginados.    
  Tanto los enfermos, como las personas que les atienden pueden volver sus ojos  a la imagen    de María, que nos transmite la ternura del amor de Dios. Su fe nos anima a amar a Dios y a los hermanos, especialmente en la experiencia de la enfermedad.
  “No hay enfermedades, sino enfermos”. Esa frase que se atribuye a don Gregorio Marañón podría recibir hoy muchas otras aplicaciones. “No hay protocolos, sino enfermos” En un mundo en el que se valora a las personas por su eficacia, hay que recordar con el papa Francisco que “cada paciente es y será siempre un ser humano, y en consecuencia debe ser tratado con el respeto que se merece. Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos”.
   Tras evocar la experiencia y la vocación de santa Bernardita, que en Lourdes fue tratado con tanto respeto por la Virgen María, el papa Francisco añade que “en la Jornada Mundial del Enfermo podemos encontrar una nueva motivación para colaborar en la difusión de una cultura respetuosa de la vida, la salud y el medio ambiente”. 
 En este momento, todos hemos de hacer un examen de conciencia para preguntarnos cómo tratamos a nuestros enfermos. De este trato y tratamiento se podrá deducir cuál es nuestra escala de valores. En un contexto de creyente, todos podemos y debemos ser  “signos gozosos de la presencia y el amor de Dios”. 
Con motivo de la Jornada del Enfermo, pedimos al Señor “la esperanza en el camino de la curación y de la salud, el sentido de la fraternidad y de la responsabilidad, el compromiso con el desarrollo humano integral y la alegría de la gratitud cada vez que nos sorprenda con su fidelidad y su misericordia”.
El papa Francisco concluye su mensaje con una sencilla invocación a la Madre de Jesús: “María, Madre nuestra, que en Cristo nos acoges como hijos, fortalece en nuestros corazones la espera confiada, auxílianos en nuestras enfermedades y sufrimientos, guíanos hasta Cristo, hijo tuyo y hermano nuestro, y ayúdanos a encomendarnos al Padre que realiza obras grandes”.
                                                      José-Román Flecha Andrés

                             

lunes, 23 de enero de 2017

4º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 4º TIEMPO ORDINARIO. A 29 de enero de 2017

FELICES
“Buscad al Señor, vosotros, todos los humildes de la tierra, los que ponéis en práctica sus decretos” (Sof 2,3). Así comienza el texto del profeta Sofonías que se proclama en este domingo 4º del Tiempo Ordinario.
Buscar al Señor equivale a buscar la justicia y la humildad. A esa búsqueda del ser humano responde un oráculo del Señor: “Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor” (Sof 3,12).
 Seguramente tanto la búsqueda humana como la respuesta divina resultarán extrañas y hasta escandalosas en un mundo que se cree autosuficiente. Esta es una sociedad en la que parecen triunfar los que confían en sí mismos, los que buscan un triunfo fácil y una situación de privilegio. La pobreza no puede presentarse como un ideal de vida.
Pero el salmo 145 nos asegura que Dios “hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos”. También san Pablo recuerda a los cristianos de Corinto que Dios no eligió entre ellos a los sabios y poderosos, sino a los más débiles y despreciados (1Cor 1,26-31).

EL ESCÁNDALO

Si estos textos resultan escandalosos para la mentalidad contemporánea, mucho más lo será el pregón de las bienaventuranzas con el que el evangelio de Mateo abre el llamado Sermón de la Montaña (Mt 5, 1-12)
• El anuncio de las bienaventuranzas evangélicas es provocador. No deja indiferente al cristiano de nuestro tiempo. Estas palabras nos hacen presente el proyecto de Dios sobre el ser humano. Nos revelan su voluntad amorosa sobre cada uno de nosotros. 
• Las bienaventuranzas son un don de Dios para que podamos dirigir a Él nuestros pasos. Si son difíciles para quienes viven de la fe cristiana, resultarán extrañas a una sociedad que vive en la superficialidad y parece haber perdido el gusto por las cosas de Dios y del espíritu.
Pero estas palabras de Jesús no encierran solo un ideal para los cristianos. Revelan también a toda persona, creyente o no creyente, la más honda verdad del ser  humano y los valores en los que ha de basarse una sociedad que quiera ser humana y humanizadora.

            LOS VALORES

La admiración de Jesús hacia los pobres, los humildes y los marginados convierte a las bienaventuranzas en el código fundamental de la ética cristiana.
• En este mensaje se nos revela lo que somos y lo que en verdad queremos ser. En él se nos muestra el camino de la felicidad. De la felicidad terrena e intrahistórica. Y, sobre todo, de la felicidad eterna que nos ha sido prometida.
• El texto de las bienaventuranzas evangélicas es una profecía. Incluye el mensaje de un anuncio y de una denuncia. Un anuncio de los valores que realmente conducen al ser humano a la felicidad y resumen los ideales de la convivencia social.
• Y una denuncia de los antivalores que ponen en peligro la armonía de la persona y la paz de toda la sociedad. Por eso, las bienaventuranzas exigen de nosotros una renuncia. Sin la renuncia personal, el anuncio no es creíble y la denuncia no es respetuosa.
- Señor Jesús, sabemos y creemos que las bienaventuranzas que tú vivías y proclamabas  subrayan la confianza personal que genera la fe, el coraje que brota de la esperanza y la entrega que exige la caridad.  Bendito seas por ello, Señor. Amén.
                                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 28 de enero de 2017

                                                        
LA VIDA Y EL CUERPO

 “Cada niño, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios no ha perdido todavía la esperanza en los hombres”. Esta frase de Rabindranath Tagore ha sido mil veces repetida, El nacimiento es siempre un misterio, aunque los que repiten esa frase piensen en Dios imaginándolo de formas muy diversas. 
Todo nacimiento nos acerca necesariamente al misterio. Todas las culturas han atribuido el surgimiento de la vida a fuerzas superiores. Los padres que han deseado largamente tener un hijo, seguramente conocen muy bien los datos biológicos correspondientes. Pero su amor está por encima de esos datos. 
Ante el bebé que viene al mundo, los padres han de preguntarse qué cable invisible los ha conectado con el misterio. El misterio de la vida. El misterio de esa nueva vida. Y, a fin de cuentas, el Misterio insondable que da origen, orientación y sentido a toda vida que llega a este mundo. 
Pero la pregunta no se refiere sólo a la vida, tan difícil de definir y encasillar. Ante los ojos de los padres, de los familiares y de los amigos se mueve un cuerpo humano que reclama atención y ternura. Un cuerpo que no puede ser despreciado ni descartado. Un cuerpo que revela la dignidad de la persona, con independencia de su tamaño o de sus rasgos concretos.
Nacer es presentarse en sociedad con un cuerpo que requiere espacio para situarse y un tiempo que, en adelante va a ser el suyo. Decimos que ha venido al mundo. Pero ese bebé ya estaba en el mundo. Un velo tan frágil como fuerte lo apartaba de nuestra vista, pero no le impedía percibir los sonidos de su familia.
El recién nacido no se ha hecho a sí mismo. Ese cuerpo es el último resultado de fuerzas y afectos que vienen de muy lejos. Es heredero de una larga cadena de testigos de la vida. Parece que llega mendigando alimento y limpieza, caricias y días y noches de desvelo. Pero llega exigiendo con todo derecho una herencia que viene de generación y generación.
Su cuerpo es dádiva y exigencia. Es oferta y demanda. Es recordatorio de nuestros deberes y de nuestra responsabilidad. Ese cuerpo es una ventana minúscula al Misterio mayúsculo que nos gesta, nos acompaña y un día nos examinará sobre el amor.
Cada niño que viene al mundo nos dice que Dios espera algo incluso de todos aquellos que han decidido no esperar nada de él. El cuerpo del niño es un sacramento de fe, de esperanza y de amor.
La fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo nos recuerda que en cada nacimiento renace la esperanza de la salvación. Esa salvación definitiva que no depende de honores humanos  ni de cachivaches técnicos.
La fiesta de Las Candelas, que celebramos el día 2 de febrero, ilumina la realidad de nuestro cuerpo. Por débil que parezca, el cuerpo es una revelacion del Misterio de Dios y del milagro de la vida. Nuestra esperanza tiene mucho de lo humano y tiene todo de lo divino.
                                                                     José-Román Flecha Andrés