lunes, 28 de noviembre de 2016

2º DOMINGO DE ADVIENTO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 2º DE ADVIENTO. A 4 de diciembre de 2016


EL FRUTO DE LA CONVERSIÓN

 “Aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor”.  Con estas brillantes promesas (Is 11,1-2), el profeta Isaías anuncia el nacimiento de un descendiente de Jesé, el padre del rey David.  
Es éste un mensaje de esperanza para los que conocieron el esplendor de aquel reinado. Es también un mensaje de confianza, puesto que sobre ese heredero derramará el Señor sus dones. Y es un mensaje de paz: una paz cósmica que abarca a toda la naturaleza. Hasta las fieras salvajes serán amigables con los hombres. 
No es extraño que el salmo responsorial se haga eco de los mejores anhelos de la humanidad: “Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente” (Sal 71,7). El consuelo que dan las Escrituras junto con nuestra paciencia nos ayudarán a mantener la esperanza. Así lo dice san Pablo a los Romanos (Rom 15,4). Buena lección para el Adviento.

LA EXHORTACIÓN

 Ya sabemos que durante esta primera etapa del Adviento nos acompañan Isaías y Juan el Bautista. Juan se presenta en el desierto de Judá. Su atuendo recuerda la figura del profeta Elías. Y sus palabras son el eco de un profeta anónimo que invitaba al pueblo a retornar del exilio por las nuevas calzadas que Dios le preparaba. Ahora el retorno será espiritual. 
• “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. El hebreo no pronuncia el nombre inefable de Dios. Usa el continente en lugar del contenido. Al anunciar la llegada del reino de Dios se proclama la cercanía del Dios del reino. Una cercanía que no puede dejar indiferentes a los hombres. Convertirse significa revisar los valores personales y sociales. 
• “Dad el fruto que pide la conversión”. Pero revisar los valores no es sólo un ejercicio intelectual o económico. El profeta pide a las gentes que den los frutos que se espera de todos los que escuchan la llamada. No valen disculpas. El antiguo linaje del que descendemos no depende de nosotros. Pero nos compromete el futuro de justicia que hemos de construir.  

Y LA PROMESA

El Bautista se considera a sí mismo un pregonero enviado por Dios. ¡Nada menos y nada más! Él anuncia con valentía la salvación, pero bien sabe que no es el Salvador.
• “El que viene detrás de mí puede más que yo”. La debilidad con que aparece el Mesías no ha de inducirnos a engaño. Él viene a nosotros con un poder que deja en ridículo las pretensiones y los poderes de los hombres y de sus instituciones.
• “Yo no perezco ni llevarle las sandalias”. El verdadero profeta nunca puede alardear de nada. El mensajero no es dueño del mensaje. Un evangelizador que no es humilde revela bien a las claras con su vanagloria la mentira de su misión.
• “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. El viento y el fuego son fuerzas benéficas. Pero si nos arrastran y nos incendian pueden terminar con nuestra casa y con nuestra vida. El Bautista sabe que el viento y el fuego de Dios nos purifican cada día.
• “El tiene el bieldo en la mano”. El bieldo era usado por los labradores para aventar la paja y separarla del grano. La venida del Señor descubrirá nuestra falsedad y revelará lo inútil y lo valioso de nuestras intenciones y de nuestro esfuerzo.
- Señor Jesús, esperamos tu venida y la anunciamos con esperanza. Purifica tú nuestro corazón y llámanos cada día a la conversión.¡Ven, Señor Jesús!
                                                     José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 3 de diciembre de 2016

                                                     
AGRACIADA COMO NADIE

Esta próxima semana celebraremos la fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Con ese motivo, recordamos con gusto las palabras que predicaba santo Tomás de Villanueva: “La Bienaventurada Virgen fue exceptuada de la maldición de la mujer porque se había pronunciado antes aquella promesa: ‘ella quebrantará tu cabeza’  (Gen 3,15). ¿Cómo pudo ni por un momento ser cautiva de aquella cuya cabeza humilló? No se puede oír esto, no lo toleran las almas piadosas”.
En efecto, la figura de la Inmaculada Concepción de María entró con fuerza en la religiosidad popular. Los pobres, las monjas que responden desde el torno y los penitentes que se acercan al confesonario han saludado durante siglos con la invocación “Ave, María Purísima”, a la que se responde: “Sin pecado concebida”.
Pero en su figura se han fijado también los pintores y escultores del barroco. Hoy sigue inspirando obras muy notables esta joven mujer coronada por doce estrellas, que pisa a la serpiente mientras descansa sobre la luna.
También la  literatura ha recogido el desafío. A finales del siglo XVI, el carmelita Pedro de Padilla publicaba dos libros de poemas dedicados a María. A él debemos unos versos que han sido incorporados modernamente en la Liturgia de las Horas:
“Ninguno del ser humano como vos se pudo ver, que a otros les dejan caer y después les dan la mano. Mas vos, Virgen, no caíste como los otros cayeron, que siempre la mano os dieron con que preservada fuiste”.
En 1854 el beato papa Pío IX proclamaba el dogma de la Inmaculada  Concepción de María y afirmaba que numerosos Padres y doctores de la Iglesia ven en la mujer anunciada en el libro del Génesis a la madre de Cristo, María. Ella es la "nueva Eva". 
En el prefacio de la misa, damos gracias al Señor por ese privilegio que anticipa nuestra propia fidelidad a los dones de Dios: “Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia fuese digna madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura. Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”.
La aureola de María se refleja en las doce estrellas de la bandera de la Comunidad Europea. Sus padres fundadores, cristianos practicantes como eran, se inspiraron para diseñarla en la vidriera que se encuentra en el ábside de la catedral de Estrasburgo.
 María es la metáfora del nuevo pueblo de Dios. El saludo del ángel la reconoce como la agraciada por el Señor. Sobre ella se ha derramado el favor gratuito de Dios. Que ella interceda por nosotros.
                                                                   José-Román Flecha Andrés

lunes, 21 de noviembre de 2016

1er DOMINGO DE ADVIENTO A

1er DOMINGO DE ADVIENTO. A - 27 de noviembre de 2016

VELAR Y CAMINAR  

 “Caminemos a la luz del Señor”. Así concluye la primera lectura de este primer domingo de Adviento (Is 2,5). El profeta Isaías anuncia que, al final de los tiempos, el monte sobre el que se levanta el Templo de Jerusalén se convertirá en la meta de una peregrinación universal, Todos los pueblos acudirán a escuchar la palabra del Señor.
Una palabra de justicia y de paz para todos los pueblos. “De las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas”. ¡Con qué fuerza recordó Pablo VI aquella profecía en su visita a la sede de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York! Es un sueño, pero es también una tarea para toda la humanidad.
El salmo responsorial nos invita a iniciar esa peregrinación de paz: “¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor!” (Sal 121,1). Es la hora de despertar para caminar por las sendas de la luz. Que el cuidado de nuestro cuerpo no fomente los malos deseos. Así lo escribía san Pablo a los cristianos de Roma (Rom 13,14).

EL DILUVIO

 Nos cuesta reconocer que nuestra vida está marcada por el signo de la espera y la esperanza. Durante el tiempo del Adviento nos preparamos para la celebración de la fiesta del Nacimiento de Jesús. Es un tiempo que nos invita a recobrar y afianzar la esperanza. Y, además, nos educa para vivir el tiempo de la espera.
La fe nos lleva a caminar con generosidad mientras nos mantenemos a la espera de la venida del Señor. Por cinco veces se repite en el evangelio de este domingo el verbo “venir”. Y otras dos veces se insiste en afirmar que “no sabemos” el momento de su venida. 
• En primer lugar, el texto evoca el pasado y nos recuerda la imagen bíblica del diluvio. Las gentes vivían dedicadas a sus tareas habituales, pero también a sus placeres. El diluvio los sorprendió a todos.
• En segundo lugar, el texto mira también al futuro y nos anuncia que la venida del Hijo del hombre revelará las actitudes más secretas. Con su venida llega el discernimiento definitivo. A unos los llevará y a otros los dejará.

LOS ADIVINOS

Hay otra imagen que ilustra la exhortación. La del hombre que no sabe a qué hora puede un ladrón a asaltar su casa. El tema de la venida imprevisible del Señor suscita la invitación a mentenerse vigilantes. “Estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor”.
• Para mantenerse en vela es preciso practicar la sobriedad. No podemos caer en la tentación de confundir la satisfacción con la felicidad. No es de sabios dejarse embotar por los deseos que nos adormecen.
• Además, se nos dice que no sabemos el día ni la hora. Son muchos los que tratan de adivinarla. Demasiados adivinos siembran ese temor del futuro que nos distrae de las tareas del presente. Hay que superar la tentación de tratar de adivinar el tiempo futuro.
• Y, finalmente, el evangelio nos advierte que no esperamos algo, por importante o fantástico que parezca. Nosotros vivimos esperando a Alguien. Nos mantenemos en vela, aguardando la manifestación del único Salvador, que es nuestro Señor.
- Señor Jesús, tu venida no es para nosotros un motivo de temor, sino de esperanza. No saber el tiempo de tu llegada nos ayuda a mantener la caridad. ¡Ven, Señor Jesús!
                                                                      José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 26 de noviembre de 2016

                                                    
DE LA PEREGRINACIÓN 
A LA CORRUPCIÓN 
La convocatoria de un año jubilar sobre la misericordia ha sido un regalo de Dios. La intuición –o la inspiración- del papa Francisco ha sido un acierto. Muchas personas han redescubierto “el don” de la misericordia de Dios, han invocado su perdón y han iniciado un camino de conversión.
Muchas otras personas han descubierto también “la tarea” de la misericordia.  Han recordado que las obras de misericordia son el anticipo de las modernas iniciativas de voluntariado. Y han aprendido a compaginar la exigencia de la misericordia con el derecho a la justicia.
Ha sido interesante ver y oír a las personas que se preguntaban cómo llevar a cabo las obras de misericordia en su ambiente concreto. Y ha sido muy importante ver cómo muchos reflexionaban sobre el paso necesario y urgente de los pecados estructurales a las necesarias estructuras de misericordia.
También ha sido importante volver la mirada hacia la puerta santa. Ya la misma apertura de la primera puerta santa en la catedral de Bangui, República Centroafricana, fue una auténtica novedad. Con un gesto tan impensable como aquel, el papa Francisco no sólo  apuntaba a lo esencial del rito, sino que abría nuestros ojos a otros horizontes.
Y después, no podremos olvidar la nota sobre la peregrinación. En la bula Misericordiae vultus,  decía el papa Francisco: “En los años santos siempre ha sido habitual la peregrinación a algún santuario. En este caso, la meta de la peregrinación no sólo estará en Roma, sino también en la catedral de cada iglesia local y en otros santuarios” (MV 14).
El Papa hacía de la peregrinación un signo cuasi-sacramental de la conversión personal: “El signo característico de la peregrinación jubilar no ha de ser el lugar, sino la decisión personal de no juzgar y no condenar a los demás, y por el propósito de perdonar y darles lo mejor de nosotros mismos” (MV 14).
Esas cuatro actitudes sustituyen y orientan la
peregrinación local. Dos de ellas son aparentemente negativas: no juzgar a los demás y no condenarlos. Las otras dos son decididamente positivas: perdonar las injurias recibidas y compartir con los demás lo que tenemos y lo que somos.
Esas cuatro actitudes no nacían de la proverbial creatividad del papa Francisco. Estaban inspiradas por las mismas palabras de Jesús (Lc 6,37-38). No era ociosa esa referencia al evangelio. Con ella se nos indicaba que la peregrinación jubilar de la misericordia no puede tener fecha de caducidad.
Tampoco puede ser olvidada la llamada papal a superar la corrupción: “esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave  pecado que grita hacia el cielo, pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social” (MV 19). Sería deseable que al menos esta llamada quedara como el mejor fruto de este Año Jubilar de la Misericordia.
                                                          José-Román Flecha Andrés

lunes, 14 de noviembre de 2016

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO C

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD D EJESUCRISTO REY DEL UNIVERSO. C 20 de noviembre de 2016

EL REY Y SU REINO  

 “Tú serás el pastor de mi pueblo, Israel, tú serás el jefe de Israel”. Con estas palabras, los ancianos que representaban a todas las tribus de Israel, reconocían a David como rey. El que había gobernado desde Hebrón a las gentes de Judá hacía ahora un pacto con sus “electores” y se convertía en rey de todo el pueblo (2 Sam 5, 1-3).  
El salmo 121 nos invita a hacer nuestra la alegría de las tribus de Israel que subían a Jerusalén  “a celebrar el nombre del Señor”. Al evocar esa subida jubilosa, seguramente pensamos que hoy se ha hecho difícil esa unidad para proclamar la grandeza de Dios. ¿Alguna peregrinación del año jubilar de la misericordia ha contagiado tanta alegría?
  En el hermoso himno que se incluye en la carta a los Colosenses, san Pablo proclama la majestad que Dios ha concedido a su Hijo, por quien todo fue creado y que es anterior a todo. “Por él quiso Dios reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,20). Él es el Señor del universo.

LA CRUZ COMO TRONO

 No es ocioso mencionar la cruz de Cristo. De hecho, el evangelio que hoy se proclama nos recuerda que sobre ella se podía ver un letrero escrito en griego, en latín y en hebreo en el que se presentaba al condenado: “Este es el rey de los judíos”.
Claro que no todos reconocían su majestad. El texto evangélico evoca tres tipos de burlas que se oyeron en torno a la cruz de Jesús:
• Las autoridades y el pueblo le echaban en cara que, habiendo salvado a otros, no pudiera salvarse a sí mismo. Según ellos, no era el Elegido por Dios.
• Los soldados, ciertamente extranjeros y mercenarios, miraban con desprecio a aquel que no demostraba ser el rey de los judíos. 
• Finalmente, uno de los dos malhechores condenados junto a él pretendía que aquel que era considerado como el Mesías se salvara a sí mismo, y también a él le llegara la salvación.
Allí se daban cita tres presupuestos y tres intereses diferentes. Una razón religiosa, una visión política y un interés personal. Todos coincidían en esperar que Jesús bajara de la cruz. 
       
EL HOY DE DIOS

Con todo, el texto evangélico pone en boca de otro de los malhechores una súplica que se eleva por encima de aquel griterío de desprecio y de blasfemia.
• “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Es la última súplica que viene desde el Antiguo Testamento. El condenado ha comprendido que Jesús tiene un poder que no reconocen los que se burlan de él. No es el poder mágico de desclavarse de la cruz. Es la autoridad del rey que puede recordar a los que han compartido su suerte y su muerte.
• “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Jesús responde con una promesa que caracteriza la llegada del Nuevo Testamento. Ese es el “hoy” de Dios. El hombre caído y su Dios se encuentran de nuevo en el paraíso. Un paraíso que no ha de ser imaginado como un lugar, sino como una relación de acogida y de misericordia.   
- Señor Jesucristo, nosotros te reconocemos como nuestro Rey. Sabemos que tu entrega en la cruz nos ha rescatado del mal y del pecado. Tú eres nuestro Señor y nuestro Redentor. Atrae hacia ti nuestras miradas para que podamos vivir en el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz. Amén. 
                                                               José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 19 de noviembre de 2016

                                                       
COMO EL ROCÍO DE LA MAÑANA
Para conmemorar los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II, el papa Francisco nos exhortaba a celebrar  un Año Jubilar de la Misericordia. Ese año especial se abría el día 8 de diciembre de 2015, es decir, el mismo día en que se cerraba el Concilio con aquella misa celebrada por Pablo VI en la Plaza de San Pedro. Así lo evoca ahora Francisco:
“Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido a la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe”.
¿Cómo olvidar aquel talante, aquella alegría, aquella esperanza con la que Pablo VI nos despedía y enviaba “en el nombre del Señor”? Es de esperar que en este Año Santo hayamos podido renovar el entusiasmo de aquel nuevo Pentecostés y hayamos  sentido “la responsabilidad de ser en el mundo un signo vivo del amor del Padre” (MV 4).
El papa Francisco decidió que el Año Jubilar se cerrara en la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, es decir el 20 de noviembre de 2016. Y añadía: “En ese día, cerrando la Puerta Santa,  tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia” (MV 5).
De todas formas, este Año Jubilar nos ha dejado la ocasión de vivir de una forma renovada dos grandes realidades de nuestra fe. En primer lugar, la conciencia gozosa del don de la misericordia, con la que Dios nos acoge, perdona y acompaña. Y en segundo lugar, la tarea de la misericordia con la que hemos de escuchar, atender y custodiar a nuestros hermanos.
No ha sido solamente el brote de un sentimiento más o menos pasajero. Muchas personas han superado la tentación de la indiferencia ante los demás. Ha habido un  resurgir de la conciencia de la fraternidad universal. Son muchas las iniciativas que han ido naciendo y adquiriendo cuerpo en el campo de la iglesia universal.
Evidentemente se podría haber hecho más y mejor, tanto en la celebración del perdón de Dios, como en la creación de nuevas estructuras de paz y de justicia, de reconciliación y de servicio. Esta es la hora de revisar los pasos dados y de pensar en enderezar el camino que nos queda por recorrer.
Con la fiesta de Cristo Rey no se cierra el horizonte. “Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el futuro próximo”. Así lo ve el papa Francisco (MV 5).
                                                                         José-Román Flecha Andrés

domingo, 13 de noviembre de 2016

LA VIDA-Programa Los Caminos de la Iglesia. Chile - Dom 15 Mayo 2016 - Padre José Flech...

TESTIMONIAR Y TRANSMITIR LA FE HOY.Congreso de la Fe. ALBACETE nov.. 2012

ECOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE PARA LA IGLESIA- Román Flecha en Semana Social. Cantabria 20 abril 2012

LA CONCIENCIA- D.José-Román Flecha 2015

VIVIR EN LA IGLESIA . Seminario Mayor de Coimbra Enero 2016 José-Román Flecha

: "LA MISERICORDIA, DON Y TAREA" José-Román Flecha Andrés 28 de febrero 2016

“A FAMILIA NUM MUNDO DIFERENTE" P. José - Román Flecha. Leiría-Fátima

¿Y SI LA LEY FUERA INJUSTA? Torrevieja. Charla teológica de José Román Flecha Andrés