lunes, 17 de julio de 2017

DOMINGO 16º TIEMPO ORDINARIO A

DOMINGO 16º DEL TIEMPO ORDINARIO. A. 23 de julio de 2017


TRIGO Y CIZAÑA
“Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres” (Sab 12,18). La historia y nuestra propia experiencia nos dicen que los poderosos no siempre son clementes. Muchos de los que prometen hacer justicia, terminan ajusticiando a los demás.
Pero este texto del libro de la Sabiduría que se lee en este domingo 16º del Tiempo Ordinario nos recuerda que el poder de Dios se manifiesta precisamente en su misericordia. Obrando así  nos ofrece la esperanza de ser perdonados y, al mismo tiempo, nos enseña que el justo debe ser humano.
Eso es lo que proclamamos en el salmo responsorial: “Tú, Señor, eres bueno y clemente” (Sal 85).  Como escribe san Pablo, “el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom 8,26). 

EL SEMBRADOR Y SU ENEMIGO

De nuevo, el evangelio que hoy se proclama refleja el ámbito agrícola con un mensaje sobre la siembra y la cosecha (Mt 13,24-43). Y de nuevo el texto pone en boca de Jesús una parábola y le atribuye después una alegoría.
• La parábola refleja la paciencia de Dios. Él es el sembrador de la buena semilla. Trabaja a plena luz del día y permanece cerca del campo, acompañado por sus operarios que se muestran responsables y preocupados por la sementera. Pero se menciona también a un enemigo que actúa en la oscuridad, siembra una mala semilla y desaparece. A la prisa de los empleados por arrancar la cizaña, la parábola contrapone  la gran paciencia del dueño.
• La explicación de Jesús se expresa en forma de alegoría. Los protagonistas son el Hijo del hombre que siembra buen trigo y el diablo que siembra cizaña. También las semillas tienen un significado. El trigo son los ciudadanos del Reino, mientras que la cizaña representa a los partidarios del Maligno.  La alegoría anuncia que la cizaña será echada al fuego, suerte que espera a todos los malvados, que han nacido de la semilla sembrada por el Maligno.

LOS JUSTOS Y EL REINO

Llama la atención ver que la alegoría no se refiere al trigo, sino que pasa inmediatamente a mencionar a los que el trigo representa, que son los que han nacido de la semilla sembrada por el mismo Señor. ¿Y cuál es su suerte?
• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En primer lugar, es una alegría ver que los que han nacido de la iniciativa y de la semilla sembrada por el Hijo del hombre son calificados como “justos”.
• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”.  En segundo lugar, se  evoca el hecho de que la buena semilla fue sembrada a pleno día. Y se anuncia para los justos un futuro de luz semejante a la del sol.
• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En tercer lugar, recordamos que la buena semilla son “los ciudadanos del reino”. No es extraño que su destino y la plenitud de su vocación se sitúe precisamente en el reino de su Padre.
- Señor Jesús, tú conoces la confusión del mundo en el que vivimos. Te agradecemos la presencia de los buenos sembradores, te rogamos que nos libres de la cizaña que siembra el Maligno y que nos ayudes a dar el fruto bueno que pacientemente esperas de nosotros.
                                                                            José-Román Flecha Andrés


CADA DÍA SU AFÁN 22 DE JULIO DE 2017


SANT-YAGO
Le habían puesto el nombre de Jacob, que evocaba en su pueblo la peripecia humana y la experiencia religiosa del antiguo patriarca. Ese nombre ha pasado a las lenguas modernas con formas muy diversas. El antiguo Yago castellano ha ido acompañado casi siempre por el título que lo hace venerable: Sant-Yago. Santiago el Mayor.
De él se nos transmiten pocos datos: la tarde aquella de la llamada inicial, algunos momentos especiales en que su cercanía al Maestro parecía imprescindible, el día en que quiso asegurar su suerte y su futuro y, por último, la escueta noticia de su muerte.
A orillas del lago, Jesús llamó a Juan y Jacobo. Y “ellos, dejando a su Padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él”. Más tarde los eligió para el grupo de los Doce. solía apodarlos como Boanerges, es decir, “hijos del trueno”. ¿Pretendía alabar así su intrepidez o bromeaba sobre su carácter demasiado impetuoso?
Acompañaban a Jesús el día que curó a la suegra de Pedro y el día que resucitó a la hija de Jairo. Junto a él estaban cuando se transfiguró en lo alto del monte y cuando aquella aldea samaritana le negó acogida y hospedaje y ellos hubieran deseado prenderle fuego. Con Jesús miraban el templo desde la ladera del Monte de los Olivos y le preguntaban cuándo llegaría el final de aquella maravilla. Y cerca de Jesús, allá en Getsemaní, estaban también Santiago y Juan, aunque incapaces de acompañar en vela a su Maestro.
Siguiendo a Jesús, Jacobo el de Zebedeo aprendió que había que dejar atrás muchas seguridades e ilusiones. Pero no había  aprendido  lo más elemental cuando se acercó con su hermano Juan con una petición que revelaba su ambición: “Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.
Fue extraña la respuesta que recibieron de Jesús. Anunciaba él que habían de apurar el amargo trago del dolor. Y, al mismo tiempo, les preguntaba si estaban dispuestos a acompañarlo en ese trance difícil. Con la espontaneidad de siempre, le prometieron su fidelidad y cercanía.
Santiago tuvo la ocasión de cumplir su palabra.  De hecho, él sería el primero de los apóstoles del Señor  a la hora de beber aquel cáliz al que se había referido Jesús. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles,  “el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Hizo matar por la espada a Santiago, el hermano de Juan”.
Jacobo o Santiago, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, amigo predilecto de Jesús, es para los cristianos una parábola viviente de la vocación al discipulado y de un seguimiento siempre difícil, pero siempre gozoso.  La respuesta a la llamada, la fidelidad en la amistad, el generoso aprendizaje del seguimiento hasta la muerte forman la tríada de las grandes condiciones del discipulado cristiano.
                                                                José-Román Flecha Andrés

lunes, 10 de julio de 2017

DOMINGO 15º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO. A 16 de julio de 2017

EL SEMBRADOR
“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55,10-11).
Al principio de este capítulo se invitaba a recibir la palabra de Dios, presentada con las imágenes del trigo, el vino y la leche. Todos los demás alimentos no podían satisfacer al hombre (Is 55,1-2). Ahora la palabra de Dios se presenta con la imagen de la lluvia que fecunda los campos. Así que el alimento y la fecundidad son los grandes dones de Dios.
Como el labrador espera una buena cosecha, “también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8,23). 

LA PARÁBOLA

El evangelio que se proclama en este domingo 15º del tiempo ordinario nos ofrece el conocido mensaje sobre el sembrador y la semilla (Mt 13,1-23). La primera parte se presenta como una parábola que refleja la decisión de Dios. El sembrador sale al campo y arroja la semilla. Dios no es tacaño en la sementera. Esparce su semilla con generosidad.
Las aves del cielo, las piedras y los abrojos representan serios inconvenientes para que la semilla produzca fruto. Estos obstáculos no pueden ser ignorados, pero no constituyen toda la realidad de los campos. Y sobre todo, no pueden frustrar las intenciones del sembrador. Siempre hay una porción de buena tierra que acoge la semilla y la ayuda a germinar.
A pesar de todas las dificultades, el sembrador desea que su palabra produzca un fruto abundante. Nada puede hacer fracasar sus proyectos y esperanzas. El ejemplo de Dios no puede quedar en el olvido. Como él, tambien nosotros “sembremos en los hombres el ejemplo de obras sinceramente buenas”, como dice san Bernardo.

LA ALEGORÍA

La segunda parte del texto evangélico se nos presenta como una alegoría que refleja las actitudes de los hombres que reciben la palabra de Dios.
• Algunos escuchan la palabra del reino, pero no la entienden. Viene el maligno y roba lo sembrado en su corazón.  Les falta formación.
• Otros escuchan la palabra y la acogen con alegría en su corazón. Pero son inconstantes ante la dificultad o la persecución. Les falta perseverancia.
• Otros escuchan la palabra pero permiten que la ahoguen los afanes de la vida y la seducción de las riquezas. Les falta austeridad.
• Otros escuchan la palabra, la acogen, la meditan, la difunden, dan un testimonio vivo de lo que ha producido en su vida. Solo les falta agradecer a Dios esos mismos dones.
- Señor Jesús, tú has proclamado dichosos los ojos de los que te vieron y los oídos de los que te escucharon. Abre tú nuestros sentidos para que seamos conscientes del valor de tu palabra y demos el fruto que el Padre espera de nosotros. Amén.  
                                                                        José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 15 de julio de 2017

                                                  
ALGUNOS  DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL
Con mucha frecuencia, todos nos preguntamos en qué mundo estamos viviendo. Estamos muy acostumbrados a exigir un análisis detallado de la realidad sobre la que pretendemos actuar. Pero esos análisis a veces nos quedan muy lejanos o demasiado específicos.
En su exhortación apostólica La alegría del Evangelio, el Papa Francisco no pretende hacer un amplio estudio sociológico sobre el panorama del mundo contemporáneo. Sin embargo, ha tratado de tender una mirada a esta realidad en la que nos encontramos y que nosotros mismos configuramos de alguna manera.
 En el capítulo segundo, titulado “En la crisis del compromiso comunitario”, nos invita a dirigir una mirada al contexto en el que nos movemos. Y, al mismo tiempo, trata de esbozar un discernimiento evangélico sobre los signos que encontramos en el ambiente.
El documento papal no quiere ser catastrofista. De hecho, observando el actual momento de la sociedad, señala algunos aspectos positivos que se pueden encontrar, por ejemplo, en los ámbitos de la salud, de la educación y de la comunicación social.
Pero también recuerda un dato especialmente dramático: “la mayoría de hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con funestas consecuencias” (EG 52).
 Entre esas consecuencias, enumera el Papa al menos seis fenómenos que todos nosotros podemos constatar en nuestra sociedad: el miedo y la desesperación, la pérdida de la alegría, el aumento de la violencia y la inequidad y el tener que vivir con poca dignidad.
Una consideración de ese panorama debería suscitar en los evangelizadores no sólo una compasión personal sino también la decisión de colaborar en lo posible con todos los agentes económicos, políticos y sociales para  promover el cambio de las estructuras injustas.
Sin duda son muchas las causas que han desencadenado esas lamentables consecuencias. Entre esas causas menciona el Papa los enormes saltos producidos por el desarrollo científico y por las innovaciones tecnológicas, con sus rápidas aplicaciones en los campos de la naturaleza ambiental y de la vida humana.
Como sabemos, la fe cristiana no pretende ni puede condenar a priori el desarrollo científico y técnico. Es evidente que las innovaciones tecnológicas pueden contribuir a humanizar las condiciones de vida de las personas y de los pueblos.
Así que, tenemos que apreciar positivamente ese desarrollo. Pero, al mismo tiempo, hemos de examinar los efectos negativos que haya producido su aplicación concreta y tratar de evitarlos en el futuro.
La Iglesia entera y cada uno de nosotros, estamos llamados a observar cuidadosamente los signos de los tiempos. Como dice el papa Francisco, “es preciso esclarecer aquello que pueda ser un fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios” (EG 51).

                                                       José-Román Flecha Andrés

martes, 4 de julio de 2017

DOMINGO 14º TIEMPO ORDINARIO.A (Comentario oral)

DOMINGO 14º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO14º DEL TIEMPO ORDINARIO. A 9 de julio de 2017

MANSO Y HUMILDE
“Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno” (Zac 9,9). La modestia y humildad del futuro rey que anuncia el oráculo del Señor es evidente. Su asno se contrapone a los carros de Efraim, a los caballos de Jerusalén y a los arcos de los guerreros. 
A la modestia del rey prometido se opone la soberbia y la violencia de los impostores. Los dictadores del pasado y del presente suelen imponer la paz de los cementerios. Según el profeta, ese rey del futuro dictará la paz a las naciones. Una paz basada en la justicia que respeta la vida, no en las armas que siembran la muerte.   
Pero ese contraste no es solo político y social. No se da solo en nuestro ambiente: se reproduce también en nuestras opciones personales. Así que,  escuchando el mensaje de San Pablo, tratamos de vivir según el Espíritu, para dar muerte a las obras de la carne (Rom 8,13). 

TRES INVITACIONES

La primera parte del evangelio contiene una oración de Jesús que recuerda el cántico de María. Jesús da gracias al Padre. Reconoce que él se complace en los humildes y pequeños. Y confiesa su íntima vinculación con el Padre celestial (Mt 11,25-30).
En la segunda parte del texto hay una exhortación de Jesús a los discípulos y una invitación a los que admiramos sus gestos y sus palabras. Esta exhortación-invitación se expresa en tres verbos en imperativo: venid, cargad y aprended. Pero las acciones a las que se invita al discípulo incluyen también una promesa por parte de Jesús.
• “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviare”. La vida cristiana nace de esa invitación del que nos conoce y sabe de nuestra insatisfacción. Pero el cristiano sabe que su decisión de acercarse a Jesús no quedará defraudada. El Señor es alivio para nuestra fatiga. Es consuelo para nuestro desaliento. Es plenitud para nuestra carencia.
• “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Llevar el yugo es sentirse vinculados a él en la misma tarea. Esa solidaridad en la misión resume la actitud y el contenido mismo de la lección que el discípulo ha de aprender. Una lección de humildad que es prenda y garantía de descanso.

DOS REVELACIONES

Además, no podemos olvidar que el evangelio de hoy contiene dos revelaciones igualmente importantes. Jesús se muestra como el puente entre el Padre y los hombres. 
• “Todo me lo ha entregado mi Padre”. La primera revelación tiene una orientación vertical. Cierra la oración de Jesús y nos muestra la razón de su confianza. En su unión con el Padre comparte con Él el mismo plan de salvación. Conoce el corazón amoroso del Padre y asume la misión de descubrirlo a los hombres.
• “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. La segunda revelación nos abre a la dimensión horizontal de la misión de Jesús. Cierra la invitación que dirige a sus discípulos. Él no trata de oprimirlos. Quien sigue a Jesús no puede ignorar que se une a él en la misma tarea. Pero ha de saber que el Maestro no le impone una carga imposible de llevar.
- Señor Jesús, enséñanos a orar como orabas tú. Agradecemos sinceramente que comprendas nuestro cansancio y nos ofrezcas tu alivio. Tu vos nos llevas a acompañarte por el camino, sabiendo que encontraremos en ti el descanso que esperamos. Amén.
                                                                          José-Román Flecha Andrés


CADA DÍA SU AFÁN - 8 de julio de 2017

                                                     
MENSAJE A LOS JÓVENES
Con vistas a la jornada anual de los jóvenes, el papa Francisco les dirigió este año un mensaje centrado en estas palabras del canto de María: “El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí” (Lc 1,49). En él sobresalen estas ideas:
1. Hoy no necesitamos «jóvenes-sofá».  “María no es la clase de personas que para estar bien necesitan un buen sofá donde sentirse cómodas y seguras. No es una joven-sofá. Si su prima anciana necesita una mano, ella no se demora y se pone inmediatamente en camino”.
 2. Al saludo de Isabel, María responde  con el canto del Magnificat (cf. Lc 1,46-55). “La oración de María es revolucionaria, es el canto de una joven llena de fe, consciente de sus límites, pero que confía en la misericordia divina”.  
3. María es casi una adolescente, pero alaba de corazón a su pueblo. “Ser joven no significa estar desconectado del pasado. Nuestra historia personal forma parte de una larga estela, de un camino comunitario que nos ha precedido durante siglos”.  
4. El Papa pregunta a los jóvenes: “¿Cómo “guardáis” en vuestra memoria los acontecimientos, las experiencias de vuestra vida? ¿Qué hacéis con los hechos y las imágenes grabadas en vuestros recuerdos?... No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. La perla nace de una herida en la ostra. Jesús, con su amor, puede sanar nuestros corazones”.  
5. No vale dejar los recuerdos en una “nube” virtual. Que los sucesos del pasado se conviertan en una realidad dinámica, para reflexionar sobre ella y sacar una enseñanza y un sentido para nuestro presente y nuestro futuro.
6. “Tener un pasado no es lo mismo que tener una historia”. ¿Cuántos de nuestros recuerdos construyen realmente nuestra memoria? ¿Cuántos son significativos para nuestros corazones y nos ayudan a dar sentido a nuestra existencia?”  
7. Hay que detenerse a “recordar los momentos hermosos, los desafíos, lo que nos ha salido bien y, también, lo que nos ha salido mal”. Ante Dios,  manifestamos nuestra gratitud,  arrepentimiento y confianza, anotándolos en una especie de diario espiritual.
8. El Papa invita a los jóvenes a “rezar en la vida, con la vida y sobre la vida”.   A cantar un Magnificat totalmente suyo y hacer de su vida un don para toda la humanidad… De ahí la importancia de conocer bien la Biblia, la Palabra de Dios.
9. “María nos enseña a vivir en una actitud eucarística, esto es, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no quedarnos sólo anclados en los problemas y las dificultades. En la dinámica de la vida, las súplicas de hoy serán mañana motivo de agradecimiento”.  
10. La anciana Isabel ayuda a María a comprender mejor a Dios. Por eso pregunta el Papa: “¿Os dais cuenta de la extraordinaria fuente de riqueza que significa el encuentro entre los jóvenes y los ancianos?... Vosotros, jóvenes, tenéis la fuerza; los ancianos, la memoria y la sabiduría”.
                                                                      José-Román Flecha Andrés

lunes, 26 de junio de 2017

DOMINGO 13º DEL TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 13º del Tiempo Ordinario. A 2 de julio de 2017


MISIÓN Y HOSPITALIDAD 
 “Un día pasaba Eliseo por Sunem y una mujer rica lo invitó con insitencia a comer. Y siempre que pasaba por allí iba a comer a su casa” (2Re 4,8). Así comienza la  primera lectura que se proclama en este domingo decimotercero del tiempo ordinario. El texto continúa con la referencia a dos datos importantes.
 • En primer lugar esta mujer de Sunem sugiere a su marido preparar en la casa una habitación, para que el profeta Eliseo pueda hospedarse allí cuando pase de camino.
• En segundo lugar, Eliseo recompensa aquel gesto de hospitalidad con una solemne promesa: “El año que viene, por estas mismas fechas abrazarás un hijo”.
 La mujer practica la hospitalidad con un profeta y él profetiza que el premio será el don de la vida. Con razón podemos “cantar eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88).
El cristiano sabe que su fidelidad al Señor no quedará sin recompensa: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6,8). A la hora del premio, Jesucristo no puede ser menos generoso que el profeta Eliseo

UNA FAMILIA UNIVERSAL

En el evangelio que hoy se proclama continúa el llamado “Discurso del envío” (Mt 10,37-42). Jesús no desprecia la familia humana. Pero, con un lenguaje interpelante establece una jerarquía de valores que incluye la radicalidad de la llamada.
La importancia de los lazos familiares pone de relieve esa mayor generosidad que exige el seguir al Maestro. Sin embargo, Jesús ofrece a sus discípulos la hospitalidad de una nueva familia universal que ni siquiera conocen todavía.
• “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí y el que me recibe a mí,  recibe al que me ha enviado”. He ahí una promesa que abre un espléndido horizonte a quien ofrece hospedaje al misionero, identificado con Jesús y con su Padre celestial.
• “El que recibe a un profeta… tendrá recompensa de profeta, y el que recibe a un justo tendrá recompensa de justo”. Es verdad que el amor auténtico florece en el terreno de la gratuidad. Pero Jesús no olvida pregonar la gratitud que alcanzará la hospitalidad.

LA PÉRDIDA Y EL HALLAZGO

Todo el texto evangélico juega con las paradojas y las contraposiciones. Evocar lo que se deja ayuda a subrayar el valor de lo que se encuentra. Los que tratan de seguir a Jesucristo no pueden olvidar ese contraste, esa trasmutación de los valores que proclaman sus palabras:
• “El que encuentre su vida la perdera”. Hay una avaricia que se manifiesta en abrazar con ansia todo lo que uno ha tratado de conseguir. Todo eso en lo que habitualmente se coloca la comodidad o el prestigio. Pero a fin de cuentas se descubre que ni la codicia genera dignidad, ni la traición al ideal comporta la felicidad.
•  “El que pierda su vida por mí, la encontrará”. A veces hay que optar por un bien que no siempre parece razonable al observador. Si esa decisión acucia al investigador o al que entrega su vida por intentar defender a otra persona, mucho más relevante es para quien entrega su vida por Cristo y su mensaje.
- Señor Jesús, tú nos llamas a seguirte con generosa radicalidad. Bien sabemos que los bienes que dejamos no dejan de ser bienes. Pero tú nos ayudas a comprender el bien incomparable de vivir tu vida y de entregar la nuestra por ti. Bendito seas, Señor. 
                                                                    José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 1 de julio de 2017

SOBRE EL TRÁFICO
El primer domingo de julio se celebra la Jornada de Responsabilidad del Tráfico. Este no es un asunto ajeno a la reflexión ética. Ya el profesor Bernhard Häring dedicaba unas breves líneas a la obligación moral de evitar en lo posible los accidentes, “aplicando atención, moderación en la velocidad y observación de las normas del tráfico”.
Es evidente que el tráfico y la movilidad son fenómenos que caracterizan de forma muy especial a esta sociedad. El uso de los carburantes derivados del petróleo y el avance de la técnica han hecho posible que las personas se trasladen de un lugar a otro, por tierra, mar y aire, con una velocidad que nadie podría haber  imaginado en épocas pasadas.
Ahora bien, las posibilidades técnicas siempre traen consigo unas cuantas preguntas de tipo ético. No todo lo que es posible hacer ha de poder llevarse a cabo. O, al menos, la realización de tales posibilidades siempre habrá de despertar algunos interrogantes éticos.            El viajero que de pronto se encuentra atrapado en una fila interminable de vehículos se lamenta y se impacienta. A veces se pregunta por las causas de esos desastres, pero casi siempre los atribuye a los demás. Muy raras veces examina su propia responsabilidad.
Con una ironía que parece reflejar la realidad de cada día, el escritor francés Pierre Daninos dijo alguna vez que  “la causa más importante de los accidentes de tráfico es que los hombres ponen en sus coches tanto amor propio como gasolina”.
 Ese amor propio, responde a nueva concepción del ser humano. La técnica moderna nos ha llevado a creernos superhombres. De hecho, ha inyectado en nosotros la convicción de que somos capaces de ejercer un dominio casi absoluto sobre el tiempo y el espacio, esas coordenadas en las que necesariamente se sitúa nuestra diaria peripecia.  
          El Concilio Vaticano II lamentaba las conductas de “quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales”. Entre los que menosprecian las leyes y las normas sociales, mencionaba a quienes “subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo” (GS 30).
La ética referente a las personas implicadas en el tráfico ha de preguntarse por qué prefieren éstas el desentendimiento al entendimiento, el descompromiso al compromiso, la ignorancia del otro a la atención  empática del otro. 
El mundo no puede ser calificado como desarrollado solamente en virtud de los progresos técnicos, sino sobre todo por sus avances éticos.  Y en esa tarea estamos comprometidos tanto los creyentes como los no creyentes. A fin de cuentas, como escribía el poeta León Felipe, “el hombre es lo que importa”.
                                                                 José-Román Flecha Andrés